Mantienen firme su respeto a la Madre Tierra

CIUDAD DE MÉXICO (Notimex).— Desde tiempos inmemoriales los pueblos originarios en el mundo han rendido culto a la Madre Tierra (como se le denomina también en México), Tonantzin o Pachamama, como también la nombran en otros pueblos de América.

Para las personas que siguen las tradiciones originarias, la Madre Tierra da cobijo a las personas que habitan en el planeta, pero también a los recursos naturales como las montañas, los ríos, las plantas y animales. Así, las diferentes cosmovisiones de pueblos originarios consideran que “todos somos uno con la Madre Tierra”, y aun cuando se conoce con diferentes nombres se le concibe como una figura femenina debido a que da paso a la vida.

Por lo anterior, explica Isabel de Gonzalo, coach transpersonal espiritual, la relación de los pueblos originarios de toda América con la naturaleza es de respeto.

Dice que en América, desde Alaska hasta Tierra de Fuego, se le rinde culto a la Pachamama, término de la lengua Quechua y proveniente del Imperio Inca; cuya etimología define: “Pacha”, que quiere decir Tierra, y “Mama”, Madre.

Explica que cada etnia considera que es la Madre Tierra la que les permite vivir en ella, de ahí que se realizan rituales con ofrendas, que son formas de entrega o pagos mediante ofrecimientos con flores, licor y comida; no solo para pedir permiso, sino para agradecer los recursos naturales y la posibilidad de albergar todas las manifestaciones de vida.

Para los pueblos originarios, detalla, la Madre Tierra más que un concepto es una cosmovisión espiritual; que consiste en mantener viva la consciencia humana a través de un fuerte vínculo con la naturaleza.

“Es esencial para todas las culturas comprender que desde Alaska a la Tierra del Fuego, América es un solo continente, es una sola tierra y todas las culturas pueden y deben unirse en estas concordancias y también en sus diferentes caminos”.

La también conductora del programa radiofónico “La Escalera del Faro” (que se transmite en Estados Unidos), tendiente a la concienciación y asesoramiento empresarial hacia la humanización de las empresas en el plano ético, de respeto por las etnias y hacia la Tierra, explica que “todas las culturas, todas las naciones originarias tienen, un vínculo con la Madre Tierra que es esa fuerza de semejanza de entender que somos la naturaleza y ella no está separada de nosotros”.

Fuerte arraigo

Con más de 25 años en el “Camino Rojo”, que es una práctica que contempla a las personas que siguen en congruencia las costumbres y diversas culturas de América y que están involucrados en aprender, experimentar y cuidar las costumbres de tradiciones ancestrales, Isabel explica que “cada vez que se va a hacer una acción sobre la Madre Tierra se le pide permiso” y cada ceremonia ritual considera aspectos específicos relacionados con cada cultura.

“Cada pueblo tiene su cosmovisión y su mito de creación pero también su principal función es siempre reasegurar la vida, entendiendo que es posible el diálogo con la naturaleza debido a que se interactúa con esos signos naturales permanentemente”, sostiene.

 

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