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Sería la razón por la que el contacto todavía no se da

PARÍS (EFE).— ¿Dónde están todos? Esta pregunta, formulada por Enrico Fermi en 1950 en relación con la existencia de otras civilizaciones inteligentes en el Universo, sigue rondando la mente de los científicos, que barajan la idea de que ya nos hayan encontrado y no quieran establecer contacto.

“Quizá nos estén mirando como nosotros miramos a las cebras en un zoológico”, dice el astrobiólogo estadounidense Douglas Vakoch, presidente del METI, organización educativa y de investigación que dirige señales a estrellas cercanas en busca de un hipotético intercambio.

Su organismo reunió ayer en el Planetario de París a biofísicos, astrónomos, sociólogos y paleontólogos para reflexionar sobre la paradoja que planteó Fermi: por qué si hay miles de millones de posibilidades de que haya civilizaciones inteligentes en otros planetas ninguna ha contactado con nosotros.

“Durante unos 50 años los astrónomos han estado a la escucha de posibles señales, pero ¿qué pasa si todas las civilizaciones hicieran lo mismo? Sería un universo muy silencioso”, añade Vakoch, de 57 años.

Las señales de radiofrecuencia o de láser que ya se enviaron buscan dar el primer paso que haga ver a esas hipotéticas formas de vida que los seres humanos están abiertos al diálogo.

Uno de esos mensajes se mandó en 2018 con motivo del 25o. aniversario del festival de música electrónica Sónar de Barcelona. Fue dirigido a la estrella de Luyten, a 12.4 años luz de la Tierra, con información básica sobre la humanidad, varias piezas musicales y las instrucciones para descodificarlas.

“Los extraterrestres no van a hablar inglés o español. ¿Qué idioma tenemos en común? Si pueden detectar nuestra señal necesitan haber sido capaces de construir un receptor, así que deben de saber algo de matemáticas”, explica Vakoch.

En el encuentro bienal se consideró la idea de que los supuestos extraterrestres, con tecnologías superiores a la nuestra, conscientes de que los contactos entre civilizaciones pueden ser perjudiciales para ambas quieran mantenerse al margen.

“No hay que ser paranoico ni tener miedo, pero sí ser prudente”, opina Danielle Briot, astrofísica del Observatorio de París-Meudon.

La probabilidad de que las señales que se envían desde la Tierra sean captadas o de que las de otra civilización lleguen a nosotros es ínfima, admite. “Pero incluso aunque sea pequeña no tenemos derecho a no intentarlo”.

El foro del METI abordó asimismo las hipótesis del astrofísico estadounidense Michael Hart, según las cuales la ausencia de visitas de extraterrestres pudiera deberse a que éstos ya iniciaron viajes interestelares que están por llegar o a que lo hicieron en el pasado, antes de que existiéramos.

La falta de coincidencia temporal o la posibilidad de que la inteligencia humana no esté suficientemente desarrollada para captar las señales se suman a otro factor: que no haya vida extraterrestre.

“Para mí sería un milagro que no hubiera otra vida ahí fuera y yo no creo en los milagros. Buscarla es tremendamente difícil, sobre todo entablar una conversación. (…) Queremos creer, pero necesitamos pruebas. Por eso estos encuentros interdisciplinares son tan importantes”, puntualiza Vakoch.

El hallazgo en 1995 del primer exoplaneta y el descubrimiento desde entonces de otros 3,700 alientan la esperanza de los científicos enfocados en esta tarea.

Como nosotros

Los científicos advierten que se tiene una visión antropocéntrica de los extraterrestres: se les imagina humanos más evolucionados.

Transformación

Contactarlos “lo cambiaría todo: la biología, la política, la filosofía… toda la manera de considerar el mundo y nuestro modo de razonamiento”, dice la astrofísica Danielle Briot.

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