Uno, dos, tres… por la adultez
Antonio Alonzo Ruiz(*)
Muchas personas afirman que el fenómeno de la Guadalupana fue inventado por los españoles. Al respecto, mi respuesta es que eso no es lo más importante.
¿Y qué es lo más importante? Inquieren.
Entre tantos eventos maravillosos que han seguido a las apariciones en el Tepeyac, que platicaremos más adelante, hay algo que impacta los procesos mentales superiores de cualquier persona de buena voluntad.
Científicamente no se puede explicar el grado de conservación del ayate de San Juan Diego donde está insuflada la imagen de la Guadalupana.
Científicamente no se puede esclarecer por qué no se ha decolorado el ayate guadalupano.
Científicamente no se puede entender por qué no sufrió daño el ayate, hecho con fibras de maguey, cuando lo pretendieron destruir con ácido nítrico.
Científicamente es incomprensible por qué el ayate sobrevivió —intacto— al atentado dinamitero del 14 de noviembre de 1921.
Científicamente no se explica por qué no se encuentran colorantes vegetales, minerales o animales en las fibras del ayate.
Científicamente no se ha podido explicar por qué el ayate de San Juan Diego permanece incólume de insectos y polvo suspendidos en el medio ambiente.
Cuando la razón o la historia de México pretende explicar tales prodigios, no les quedaría más que reconocer que el fenómeno de la Guadalupana, aunque inserto en nuestra historia, la rebasa, trasciende y le da un sentido que solo es posible aceptar en el plano de la fe cristiana. Lo demás, solo es historia.
Psicólogo clínico, UVHM. Manejo de Emociones y Envejecimiento. WhatsApp: 9993-46-62-06 @delosabuelosAntonio Alonzo
