Para ayudar a los más pequeños a entrar saludablemente a la “nueva normalidad”, los adultos deben procurar ciertas actitudes en casa
La “nueva normalidad” obliga a renovar hábitos, cuyo cumplimiento por los niños en edad preescolar y primaria depende en buena medida de que los adultos en casa se los enseñen y favorezcan su observancia.
En los mayores recae también la responsabilidad de adentrar a los pequeños a un mundo con reglas de convivencia diferentes de las que conocían.
A los papás la situación actual les plantea un desafío doble: gestionar los cambios en la vida cotidiana y los sentimientos que les despierta la crisis, e instruir a los menores a que hagan lo mismo, explica Elia María Escoffié Aguilar, maestra en Psicoterapia Psicoanalítica Infantil y profesora de la Facultad de Psicología de la Uady.
“La tarea actual de los padres de hijos pequeños es el cuidado de las medidas de seguridad y, en el plano psicológico, ayudarse a sí mismos y sus hijos”, indica.
“Se ha dicho mucho que los niños tienen una capacidad excepcional para adaptarse, pero también es cierto que esta adaptación está acompañada de emociones que preocupan: miedo, coraje, tristeza”.
La maestra Escoffié Aguilar, coordinadora de la salida terminal de Clínica Infantil de la Maestría en Psicología Aplicada de la Facultad, señala que los adultos pueden ayudar a los pequeños a transitar hacia la “nueva normalidad” de las siguientes maneras:
Prestando atención a las nuevas normas, siendo lo más racionales posible, sin caer en el pánico. “Hay que soltar el control de algunas emociones, aceptar lo que podemos cambiar y lo que no”, dice la maestra Escoffié.
“Hay que aprovechar, cuando se empiece a salir, el contacto con el exterior y no centrarse en las quejas”, añade. El confinamiento, “si bien pudo favorecer algunos aspectos de la relación familiar, también pudo ocasionar lo contrario”, pero no hay que “quedarse estacionados en la parte negativa”.
Favoreciendo la comunicación. “Hay que explicar al niño, de acuerdo con su edad, las normas” con claridad, sinceridad y confirmando que las comprenden, apunta. “No prometer cosas que no se sabe: cuándo va a tenerse una vacuna, cuándo vamos a volver a la normalidad”.
“Es muy importante que los papás tengan tolerancia a la incertidumbre; esto y una explicación adecuada harán que sean modelos para los niños”.
Supliendo las muestras de cariño externas con expresiones de afecto en casa. La maestra Escoffié recuerda que en la cultura mexicana “la cercanía social es muy importante y (su limitación) es lo que está afectando a muchos”.
También los pequeños la echan en falta, de ahí que se les deba explicar por qué ya no pueden ser igual de afectivos que antes. Además, continúa, hay que “suplir las muestras de cariño que ya no se pueden dar fuera de casa con muestras de cariño en el interior, porque la expresión de los sentimientos es necesaria para la estabilidad emocional de los seres humanos, mucho más de los niños”.
Sugiere que los papás conversen con ellos, les cuenten cuentos y les prodiguen abrazos, e, igualmente, organicen juegos en los que se respete el distanciamiento social, entre ellos “busca busca”, juegos de mesa y adivinación de películas.
Dando a los niños autonomía sin despertarles temor. “No es la misma autonomía que se da a un niño de cinco años que a uno de 12”, advierte. “A veces los padres tratan de controlar un comportamiento hablando de una figura de autoridad o fantasmagórica; eso le crea miedo al niño”.
En la medida en que los adultos conviertan en rutina el cumplimiento de las normas, sin quejarse de que tienen que hacerlo, “los niños lo van a ver mucho más natural”.
Atendiendo las consecuencias psicológicas. “Hay que estar pendientes de los signos de alerta de la ansiedad o el miedo”, a los que no por normales en situaciones como la actual pandemia se les debe restar importancia. “Habría que cuidar que los adultos sean lo suficientemente capaces de brindar seguridad a los niños ante situaciones muy concretas”, afirma la especialista.
Asimismo, los adultos deben ser “prudentes y pacientes ante estas consecuencias psicológicas, y no castigar a los niños por sentirse así”.
Cuidando el uso de redes sociales, pantallas y otras tecnologías. Estas herramientas, expone la maestra Escoffié, “han sido aliadas en esta crisis porque han permitido la comunicación, aun en poblaciones alejadas; pero es un hecho que tienen un factor adictivo”.
“Hay que manejarlas con cautela, no podemos dejar que los niños se sigan aislando”.
Adolescentes
Miedo y ansiedad aparecen también en los adolescentes, a los que se les puede invitar a pensar en lo que sí pueden cambiar, como llevar un control de sus prácticas de higiene y seguridad, explica la maestra Escoffié Aguilar.
“Para los adolescentes es muy importante la relación social con sus compañeros”, así que los adultos los pueden ayudar a idear nuevas formas de conectarse con sus amigos.
Asimismo, podrían sugerirles que realicen aquellas actividades que por falta de tiempo no han podido hacer, “dejarles que experimenten sus emociones y las platiquen”.
“El reto de los padres es propiciar la plática sin que parezca una obligación, sin que el adolescente se sienta presionado”.

Necesario charlar con los pequeños sobre la situación
A los hijos de Verónica, de cuatro y seis años, no les han faltado explicaciones sobre el nuevo coronavirus.
Su mamá, psicóloga de profesión, les ha hablado de la existencia del patógeno, la manera en que se transmite y cómo evitan el contagio. En el proceso de comprensión de la situación incluso han representado con dibujos al SARS-CoV-2.
“He comenzado por explicarles qué es (el coronavirus) y por qué tenemos que cuidarnos”, dice Verónica, quien comprueba el buen resultado de la estrategia en que sus hijos ahora cumplen por iniciativa propia con lavarse las manos durante el tiempo aconsejado de 20 segundos y usar cubrebocas.
“Algunos adultos no toman en cuenta que los niños son mucho más listos, escuchan más y entienden más de lo que pensamos”, indica.
Sus pequeños ya saben que “nos tenemos que cuidar con unos y con otros, que parte de su cuidado implica que no nos podemos acercar como antes a las personas, no debemos chuparnos las manos, no debemos abrazar a las demás personas aunque tengamos muchas ganas, nos tenemos que lavar frecuentemente las manos, usar gel antibacterial, cubrebocas…”, señala Verónica.
Muchas veces, admite, es inevitable que por la emoción los niños corran a abrazar a sus familiares y que, a su vez, los adultos acepten esa muestra de afecto.
Anticipación
Sin embargo, ha notado que al anticiparles lo que está por ocurrir y explicarles cómo se deben comportar en esa situación los niños se apegan al cumplimiento de las medidas. También lo observa al recordarles en diferentes momentos la importancia de usar cubrebocas.
“¿Cómo lo voy a hacer para la ‘nueva normalidad’? La verdad no lo sé, porque todavía no sé exactamente cuál va a ser esa ‘nueva normalidad’”, confiesa. “En la escuela no nos han dicho si va a haber clase presencial, si van a ir un día o dos… Para eso no los he preparado”.
Piensa que en esa etapa los niños podrían usar caretas transparentes, tal vez con adornos de princesas y superhéroes. “A lo mejor algo que les haga más atractiva la careta funcionaría con ellos”.
Verónica tiene en claro que es preferible decirle a los niños “las cosas como son y no endulzarlas”, exponerles la situación de una manera “amable, comprensible, no alarmista”, pero sin utilizar palabras en diminutivo.
“Trato de no generarles angustia, no quisiera que tengan miedo de salir ni que estén preocupados de que algo malo les va a pasar o se van a morir. Hay adultos que tienen esa actitud de terror”.
En casa, los niños “en general lo llevan muy bien”, a lo que, considera, contribuye el clima emocional del hogar, porque los adultos que los rodean “no lo vivimos así: no tenemos miedo, no estamos excesivamente preocupados”.
“Esa parte ha sido importante: que no se preocupen de cosas de las que no se tienen que preocupar porque son niños y están para jugar y pasarla bien”.
Niñez Actividades
Consejos de los Centros para el Control de Enfermedades (CDC) de Estados Unidos:
En acción
En la pandemia, motiva a tus hijos a jugar al aire libre. Haz pausas en el día para que se estiren o bailen.
Vínculo social
Conéctalos con familiares o amigos por teléfono o videollamadas. Pídeles escribir cartas a parientes que no pueden visitar.
