Por Ricardo Pat Chan (*)
La presión y persecución por parte del círculo porfiriano dio lugar al cese de José Inés Novelo en varios puestos de relevancia, casi al final de la dictadura porfiriana. Producto de la participación del poeta en diversos círculos de discusión que ponían en entre dicho, las acciones del gobierno federal.
Las sospechas y presiones aumentaron luego de que asistió a una conferencia del chihuahuense Jesús Urueta y que defendió a un grupo de presos políticos en septiembre de 1910, el cual tuvo un roce con Agustín Vadillo Cicero; lo que dio como resultado su renuncia a la dirección del instituto literario en ese mismo año. La renuncia causó gran indignación y dio lugar a una gran huelga de diferentes colegios y el Instituto.
Sin embargo, para ese mismo año comenzó a colaborar con José María Pino Suárez, a quién apoyó en su fugaz faceta como gobernador del estado (antes de dejarlo para formar parte del gabinete de Francisco I. Madero). Por lo que apenas tomó posesión como vicepresidente de la república y la Secretaría de Instrucción Pública y Bellas Artes, Pino Suárez envío un telegrama urgente que decía: “Sin excusa ni pretexto, tome el primer vapor el lincenciado José Inés Novelo, porque necesito sus servicios en esta secretaria”.
Al llegar a la capital del país, Novelo fue nombrado secretario particular del vicepresidente y la Secretaría; todas las peticiones y los cambios que se suscitaban en el país pasaban por sus manos e incluso, le eran dirigidas a él, para su análisis y futura muestra a Pino Suárez. Como lo muestran infinidad de cartas, que ahora se encuentran resguardadas por el Archivo General de la Nación.
Estos dos pequeños episodios de Novelo dejan evidencia de la importante participación que tuvo en la política nacional y local. Prácticamente solo mencionar su incursión en momentos históricos decisivos, que repercutieron en la actualidad.
Aunque complicado su rastro, es mucha la información que abunda sobre este personaje que en ocasiones es olvidado, quizá por lo que mencionamos con anterioridad (al no aceptar la invitación de ser enterrado en al rotonda de hombres ilustres). Aunque también, después de la decena trágica y producto de un atentado que puso en peligro su vida, tuvo que desaparecer de la vida pública, razón por la que fue borrado de algunos sucesos históricos relevantes.
Al momento de ser aprehendidos Madero y Pino Suárez, en febrero de 1913, Novelo fue uno de los encargados para aceptar la renuncia formal del presidente, razón por la cual fue puesto en duda su discurso, ya que para algunos era un traidor. Sin embargo, en mayo del mismo año, solicitó una reunión con el secretario de Gobernación para expresar el descontento de la XXVI Legislatura; esto, junto a Serapio Rendón, quién también formaba parte de la Legislatura y que sería asesinado en agosto del mismo año.
Novelo fue encarcelado en octubre de ese mismo año en Lecumberri, en la celda 487 y fue liberado hasta febrero de 1914, al desvanecerse las pruebas que le habían impuesto para encarcelarlo.
A su salida, se unió a las filas Carrancistas, en donde fue nombrado oficial mayor, así como fue fundamental en la conformación de la ley agraria que conformó la carta magna de 1917.
Con la muerte del Jefe Máximo (Carranza) corrió peligro su vida, producto de intento de envenenamiento. Este episodio marcó la vida de Novelo, y llenó muchas planas de los periódicos nacionales, dada la relevancia de este personaje.
Desapareció de la vida pública y regresó al radar político, hasta 1924, al formar parte del grupo de los “floristas”, en apoyo a Adolfo de la Huerta. Otro episodio que sin duda, valdría la pena mencionar.
Licenciado en Historia. Encargado del área de difusión e investigación de la Fototeca Pedro Guerra de la Facultad de Ciencias Antropológicas de la Uady.
