La veterinaria Grecia Marquís sostiene un lechuzón de anteojos en la sede de Plumas y Colas en Libertad

Animales heridos reciben atención de venezolanos

CARACAS (AP).— Carmen Borges convirtió hace tres semanas su pequeño departamento, donde vive junto a su esposo y dos de sus tres hijas, en un refugio para una cría de ardilla que una vecina rescató de la calle en medio del largo confinamiento.

El encierro de millones de personas desde hace más de seis meses ha permitido a muchos animales silvestres recuperar parte de los espacios que los humanos habían invadido, pero también los ha expuesto a chocar con postes, enredarse en cables de alta tensión o extraviarse en los sectores urbanos.

Eso está impulsando a muchos venezolanos a desafiar la pandemia para rescatar animales silvestres heridos, como búhos, lechuzas, halcones, osos hormigueros y ardillas, y darles cobijo en casa o llevarlos a lugares donde se les brinda ayuda.

Venezuela es uno de los países con la mayor diversidad biológica del planeta gracias a distintos ecosistemas que le permiten tener gran variedad de plantas y animales, algunos de los cuales, como el manatí, el cardenalito, el oso hormiguero, el perico multicolor y el oso andino, están amenazados por la caza indiscriminada y el tráfico ilegal.

Algunos animales que han sufrido accidentes en Caracas y zonas aledañas se han salvado gracias a la ayuda de transeúntes y conductores que los han llevado a la sede del programa estatal de atención Misión Nevado o a la fundación privada Plumas y Colas en Libertad.

La veterinaria y ambientalista Grecia Marquís, quien dirige la fundación, afirma que los rescates en la capital han sido impresionantes este año.

Actualmente la organización atiende a un halcón golondrina que resultó herido tras enredarse en unos cables de alta tensión, una lechuza listada que fue operada del ala izquierda tras sufrir un accidente en una carretera y un pichón de lechuzón de anteojos.

Marquís recuerda que ante la gran cantidad de reportes de animales heridos decidió reabrir el centro en mayo. Desde junio han recibido unos 20 animales, entre los que se incluyen tres perezosos, dos lechuzas, cuatro búhos pequeños, tres guacamayas, dos halcones y un oso hormiguero, superando el registro de otros años.

Los activistas deben batallar en medio de la peor crisis económica que azota el país para conseguir los medicamentos y alimentos. Personas como Borges, terapista de reiki de 50 años, recurren a sus limitados ingresos y su ingenio para ayudarles.

Borges instaló en un pequeño balcón, rodeado de plantas, una madriguera con una almohada blanca para la cría de ardilla, de ocho centímetros de largo y a la que en sus primeras semanas alimentó con la leche materna que le dio una de las hijas, en período de lactancia.

La terapista va a esperar que la cría crezca y aprenda a alimentarse para regresarla a su hábitat en los árboles, tal como hizo hace unos meses con un pequeño búho que rescató una vecina y que ella cuidó en su departamento.

 

Rescate Detalles

Carmen Borges alimenta cada mañana a una veintena de aves que llegan a la azotea.

Especies

Entre ellas hay guacamayas, un viejo buitre y un caricare sabanero al que le falta la pata izquierda.

Suficiente tiempo

“Ahorita es mejor porque tengo más tiempo para estar en mi casa… y con ellos alrededor (los animales), mejor todavía”, dijo.

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