No fue de la noche a la mañana
BERLÍN (EFE).— La vacuna contra el coronavirus desarrollada por la empresa alemana BioNTech en cooperación con la estadounidense Pfizer es el resultado de más de una década de trabajo y el desarrollo de una tecnología pensada para otras enfermedades, que fue clave en la lucha contra la pandemia.
“Estamos trabajando desde hace 13 años con la idea de que con la tecnología ARNm (ácidos ribonucleicos mensajeros) podíamos lograr triunfos en la lucha contra distintas enfermedades”, dice Uygur Sahin, uno de los fundadores de la empresa.
Originalmente, la idea de Sahin y su socia y esposa, Özlem Türeci, era utilizar esa tecnología para desarrollar terapias innovadoras contra el cáncer.
Los dos científicos, recuerda Sahin, fueron apoyados desde que estaban en la universidad, luego contaron con respaldo para crear su empresa y también para posteriormente ampliar el objetivo de su trabajo hacia las enfermedades infecciosas.
“Se nos apoyó en la universidad, se nos apoyó para lanzar la empresa, lo que fue importante para ganar inversores, y se nos permitió no solo aplicar la tecnología al cáncer sino a enfermedades infecciosas”, precisa.
La ministra de Ciencia de Alemania, Anja Karlizeck, considera que el éxito de BioNTech demuestra la importancia que tiene el apoyo a la investigación a largo plazo, pues llegaría a rendir frutos que inicialmente no estaban en los planes.
“A veces se me pregunta para qué se apoyan determinados proyectos. Se trata muchas veces de sentar las bases científicas para enfrentar retos que todavía desconocemos”, asegura.
Türeci dice que el 24 de enero pasado, durante el desayuno, decidieron empezar a probar los beneficios de sus estudios en el combate del nuevo coronavirus.
“A partir de una publicación sobre lo que estaba ocurriendo en Wuhan pensamos que era probable que se desatara una pandemia y optamos por pasar de las terapias contra el cáncer a dedicar nuestros recursos al desarrollo de una vacuna. Desde entonces no se ha dejado de trabajar un solo día en ese programa”, revela.
En ello, indica Sahin, es clave la cooperación internacional, como lo prueba la asociación con Pfizer.
“Sabíamos que nuestra pequeña empresa no estaría en condiciones de distribuir miles de miles de vacunas. Por eso emprendimos una asociación con otra que está desde hace años en el sector. Pero no solo hubo cooperación con Pfizer, sino con muchas otras empresas para, por ejemplo, el suministro de material”, agrega.
Sahin, de 55 años, llegó a Alemania a los cuatro con sus padres inmigrantes turcos. Su esposa, dos años más joven e igualmente de raíces turcas, nació en Lastrup, en el centro del país.
Juntos fundaron Ganymed Pharmaceuticals y BioNTech, farmacéutica con sede en la calle An der Goldgrube (literalmente, “junto a la mina de oro”), en Maguncia, capital del estado federado de Renania-Palatinado y ciudad vecina a Fráncfort.
El matrimonio preside la junta directiva de BioNTech, de la que forman parte los estadounidenses Sean Marett y Sierk Poetting.
