Eusebio Moo Tec reúne en un libro su historia rural
El café se llama Riqueza y se encuentra en el cruce de las calles 60 y 59 del centro meridano. Ahí se bebe variantes de los mejores granos disponibles en plaza, como que los adereza, mima y pulveriza el mero propietario, don Germán Castañeda.
Pero el sábado, en vísperas del día amarrado a la amistad y los diversos amores, Riqueza fue el escenario de un acto de sinceridad literaria. Un grupo de poetas y periodistas presentaron en público un libro de Eusebio Moo Tec, campesino y terracero oriundo de Teabo, que, como uno de esos pájaros pardos de los montes, le dio por cantar “la verdad” sobre su dilatada existencia.
Con solo segundo de primaria, aunque con los sabios contornos que la existencia otorga, Eusebio, sin el don, como le llaman hasta los niños, ha resumido siete décadas de su “girín girín” por zonas agrícolas y urbanas, desde la venta infantil de leña hasta las labores de instalación de redes de agua potable, pocero y cortador de cañas en Catmís. Dos elementos invariables: la lucha contra la injusticia y la búsqueda de igualdad.
Con la ayuda del periodista Armando Pacheco, sus recuerdos fueron tomando forma. Narró de viva voz las altas y bajas, orígenes y consecuencias, anécdotas tanto gratas como humillantes, temblores de duda y enojos por causa de la injusticia. En castellano, pero con cadencia y sintaxis apegadas a su maya materno, su amigo traspasó conversaciones al papel y les dio pertinencia narrativa, las acercó a los veneros de lo literario.
El libro resultante se llama “Mi orgullo: ser campesino. Mi lucha por la igualdad” y lleva el sello de ediciones Letras en Rebeldía.
Dieciséis personas se acomodaron en habilitado “auditorio” de Riqueza guardando todas las precauciones higiénicas que la pandemia reclama y justifica. Fueron todo oídos para recibir lo que tuvieran que decir los tres presentadores: el propio recopilador, señor Pacheco; el poeta y narrador Saulo de Rhode y el maestro de estilo, cuentista y amigo Francisco Lope Ávila. Como ambientador general estuvo el abogado Miguel Rito.
Refirió Pacheco su placer por rescatar páginas de vida tan cálidas, convertirse en “compinche” de Eusebio para verbalizar situaciones y viejas presencias que, a veces, ahogan de emoción a quien lee con tino hasta más allá de la superficie. Por su parte, el poeta De Rhodes puso hincapié en el acto mágico de hacer transmigrar a planos de idealidad la lucha individual de un luchador, un aliento verídico que cuaja en nueva realidad poética.
Por su parte, el maestro Lope Ávila, tras escuchar una breve intervención de Eusebio, nos llevó a notar cómo la lengua original del campesino Moo Tec se abre paso en el raudal del texto resultante, por la ubicación de elementos, la peculiar adjetivación y el orden del fraseo. Narró, asimismo, una breve historia inserta en el libro, aquella del niño que prefirió comprar una muñeca para una hermana a saborear un pan dulce con el peso que había ganado vendiendo leña.
El libro de Eusebio, quien después del acto repartió pozole y polcanes, está a la venta en la librería Proceso que atiende la maestra Yazmín Gaspar Góngora, en Plaza Diamante.— Jorge H. Álvarez Rendón
