La leucemia mieloide aguda es un padecimiento que no da signos o síntomas específicos en etapas tempranas, pero que cuando se encuentra en estado avanzado hay que intervenir de inmediato, pues sin tratamiento el paciente tiene tan solo ocho semanas de expectativa de vida.
Así lo expone la médica cirujana y pediatra Belkis Monsalve, gerente médico de hematología en Astellas Farma, quien detalla que al igual que pasa con el cáncer en general, los tumores sólidos o en la sangre no dan síntomas o signos específicos, y lo mismo sucede con la leucemia mieloide aguda, razón por la que el diagnóstico se retrasa y le resta años de vida al paciente.
Hay, sin embargo, algunas cuestiones que pueden orientar de que algo anda mal en la sangre de una persona, como cuando hay sangrados sin causa aparente, de las encías, por ejemplo, heridas que no cicatrizan e infecciones frecuentes.
Un síntoma es que el paciente está siempre cansado, producto de la anemia, pues disminuyen los glóbulos rojos y con ello el aporte de oxígeno a los órganos principales.
Expectativa de vida
En esta enfermedad, si no se actúa a tiempo, el desenlace es fatal. Sin tratamiento la expectativa de vida es de ocho semanas, de ahí que se le conozca como de tipo agudo, ya que se presenta de manera abrupta y severa, y por tanto, hay que intervenir de inmediato.
Belkis explica que este padecimiento se puede diagnosticar con una prueba de hematología, pues cuando se ven en los resultados cambios en las células por la anemia, descenso de plaquetas y glóbulos blancos disminuidos, se sospecha que algo no está funcionado bien en la sangre, y se refiere al paciente al hematólogo o al hemato-oncólogo.
Por ello la importancia de que cuando una persona se hace un estudio de sangre de rutina, se realice también el frotis de sangre periférica, que permite ver las características celulares.
La especialista apunta que la leucemia mieloide aguda se presenta en adultos y niños, aunque en edad pediátrica es menos frecuente. El pico de edad de la enfermedad es de 65 años.
Belkis manifiesta que es común que se ponga atención al control pediátrico, pero en el caso de los adultos casi nadie lo hace, y deberían al menos una vez al año hacerse estudios de rutina, incluyendo los hematológicos.
“Si se tuviera la costumbre de una consulta preventiva, y dentro de esta tener una muestra hematológica, se podría saber y atacar desde el comienzo la enfermedad, y mejorar la supervivencia del paciente”, apunta.
En este padecimiento que es tan agudo, las palabras diagnóstico temprano cobran gran relevancia, hacen la diferencia entre la posibilidad de curar al paciente o retardar las consecuencias de la enfermedad.
La expectativa de vida es de 33% a 35% de supervivencia a 3 años, pero la especialista afirma que cada día se están explorando nuevas alternativas para prolongar la vida de estos pacientes, retrasar las consecuencias de la enfermedad y que mantengan su calidad de vida.
Sobre el tratamiento, la doctora apunta que después de la consulta especializada se puede iniciar con quimioterapia o con nuevos agentes dirigidos que ayudan al control de la enfermedad.
“Muchos alcanzan la remisión completa y en otros casos se les ayuda a que el padecimiento no progrese, que no haya sangrados que ocasionen urgencias médicas o infeccione severas, siendo las más comunes las de tipo gastrointestinal o respiratorias como las neumonías”, señala.
La doctora resalta que septiembre es el mes en el que se trata de hacer conciencia sobre las enfermedades de la sangre, pues las personas conocen las patologías comunes y se olvidan de las raras que también pueden afectarles, y, como ya citó, el diagnóstico temprano de este padecimiento es fundamental para salvar la vida del paciente, su supervivencia y su calidad de vida.— IRIS MARGARITA CEBALLOS ALVARADO
De un vistazo
Tratamientos
La doctora Belkis Monsalve puntualiza que los ciclos de quimioterapia que se dan a los pacientes involucran de dos a tres fármacos, y hay nuevas terapias que pueden ser orales. Para saber por cuál tratamiento optar se deben realizar pruebas de diagnóstico molecular. Estos últimos tratamientos citados se ofrecen también cuando los pacientes no responden a la quimioterapia, por lo que se amplía la ventana diagnóstica para identificar los marcadores moleculares para ofrecer la terapia de última generación.
Alta mortalidad
La incidencia de la leucemia mieloide aguda es de 3.5 por cada 100,000 habitantes, pero la mortalidad es más alta con 3.7 por cada 100,000 habitantes, por lo que la apuesta es reducir la mortalidad.
