Al menos 25% de los celulares y más del 30% de las computadoras serán afectadas por el apagón digital

Afecta al 30% de los dispositivosen todo el mundo

El vencimiento del un certificado de seguridad DST Root CA X3 es la causa por la cual la tarde de ayer millones de dispositivos electrónicos en el mundo, desde teléfonos celulares hasta refrigeradores, quedaron desconectados del internet.

Se calcula que el 30% de los dispositivos en el mundo resultaron afectados por el “apagón de internet” el cual no en todos los casos será definitivo, pero sí implicaría un importante desembolso económico.

El especialista en Sistemas y colaborador de Megamedia, Daniel Canto Bonilla explicó que los dispositivos conectados a internet deben navegar bajo condiciones mínimas de seguridad para proteger sus programas, sistemas operativos, etcétera, y para ello existe un certificado de seguridad vigente desde hace 20 años, que venció ayer a las 16 horas y automáticamente cortó la conexión el equipo.

El problema no es general, específicamente se presenta en tabletas y celulares con sistema operativo Android Gingerbread 2.3.6 o versiones anteriores, dispositivos con iOS 9 o anteriores, computadoras Apple con macOS anteriores a 2016 o macOs 10.12.0., PlayStation 3 o con sistema operativo anterior a la versión 5.0, Nintendo 3DS, BlackBerry con versión 10.3.3 o anteriores, y computadoras Windows XP o más antiguas.

Pantallas smart TV e incluso refrigeradores a los que se les incorporó esta tecnología también podrían verse desconectados de la red.

“Desde el 30 de septiembre, los dispositivos empezarán a tener problemas de conexión a internet, a menos que haya una actualización para todos”, indicó Canto Bonilla.

Pese a lo catastrófico que puede sonar el hecho, lo cierto es que en la mayoría de los casos el soporte técnico y la actualización constante brinda protección al usuario, de modo que aquellos dispositivos o equipos actualizados antes del plazo mencionado seguirán operando con normalidad.

Antiguo y desactualizado

“El problema es con los programas que ya no cuentan con soporte ni actualizaciones, como el sistema operativo Windows XP que es tan antiguo y desactualizado, no habrá nada que hacer; otros programas pueden volver a usarse, pero necesitarán de la ayuda de un experto o especialista, lo que implicará un importante desembolso económico”, explicó el entrevistado.

A diferencia del fenómeno “Y2K” que entre 1999 y 2000 ocasionó algunos problemas en los equipos debido a un desfase por la lectura de los dígitos de los años, el problema actual tiene que ver con una cuestión de cultura y buenos hábitos del usuario, específicamente es una situación que se podía prevenir con actualizaciones pertinentes de programas y equipos, cuando éstas están disponibles gratis.

El llamado Y2K (Y se refiere a “year” o año, 2 a dos y K a kilo o 1,000), surge de un detalle olvidado por los programadores de computadoras. En los años 60 y 70, cuando se escribieron los primeros programas de informática, la premisa de los programadores era ahorrar memoria a toda costa.

En medio de la búsqueda por economizar espacio nació la costumbre de emplear solo los dos últimos dígitos para registrar los años, algunas computadoras y equipos electrónicos registraban 98 en vez de 1998, o 99 en vez de 1999. Nunca se pensó que los programas llegarían a finales de siglo, pues se creía que el avance tecnológico los convertiría pronto en material prehistórico.

La realidad es que a partir del 1 de enero de 2000 los sistemas informáticos entendieron el valor 1100 como el primer día del año 1900, hecho que llevó a estos equipos a realizar cálculos incorrectos.

Otro apagón

El apagón analógico de la señal de televisión abierta debía hacerse por un mandato de la Constitución, según una reforma que se hizo en junio de 2013. Una encuesta de ese año indicaba que el 69% de las televisiones que tenían los mexicanos en sus hogares no eran compatibles con la señal digital.

El apagón analógico se dio el 31 de diciembre de 2015; sin embargo, en un principio estaba contemplado para el 31 de diciembre de 2016.— Emanuel Rincón Becerra

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