Disfrutar de la vida y reírse de todo es para Olga de la Cruz Ballina el secreto de la longevidad, que a ella le ha dado resultado, pues recientemente cumplió 101 años, lúcida y con buena salud.
Platicamos con la centenaria mujer en su domicilio en el centro de la ciudad por el rumbo de la calle 78, donde ha vivido la mayor parte de su vida, pues incluso de niña vivió en esa zona con sus padres, José de la Cruz Álvarez y Esperanza Ballina.
Olga de la Cruz nació el 27 de octubre de 1920 en esta ciudad.
Cuenta que su padre era doctor y acudía a trabajar a Tekantó, y ella se quedaba con su madre, a quien le gustaba socializar con los vecinos, por lo que todo el tiempo estaba en casa cuando niña, y ahí jugaba sola con las muñecas que le compraban o las que de trapo le hacía su mamá.
Estudió para maestra, pero nunca ejerció la profesión, ya que se casó con el que fue su primer esposo Gregorio Gamboa Cabrera y tuvo dos hijos, Dianela y José Iván Gamboa de la Cruz.
Años después se divorció y su exesposo falleció al poco tiempo, a una edad joven.
Contrajo nuevas nupcias a los 60 años
Tuvo entonces otra pareja, Marcial Escamilla Rivero, con quien vivió 18 años, para después casarse a los 60 años. De este matrimonio tuvo una hija, Luisa Esperanza Escamilla de la Cruz.
La cumpleañera comparte que ha llevado una vida tranquila, dedicada al hogar y la atención de los hijos, pues pese a que concluyó sus estudios nunca quiso ejercer la profesión.
Le gustaba mucho cocinar, lo cual aprendió de su madre, quien vendía comida para ayudar a su papá cuando éste aún estudiaba medicina.
El pavo de la galantina
Uno de sus éxitos es el pavo a la galantina, un estilo en el que se deshuesa el pavo y se rellena de carne de puerco, jamón, molleja, tocino y se adereza con nuez moscada, sal y pimienta, y luego se cuece al vapor, y una vez cocido y frío, se mete al refrigerador para que se compacte, y se rebana como si fuera un jamón especial.
Tal fue el éxito de este platillo que recuerda que hubo una época en la que todos los días preparaba un pavo a la galantina, por encargo, los exgobernadores Luis Torres Macías y Carlos Loret de Mola Mediz eran algunos de sus clientes. También cocinaba otros platillos que le solicitaban.
Dejó de elaborar su famosísimo pavo después de los 70 años, pero aún recuerda el procedimiento, que señala “tiene su chiste”, pues deshuesar el pavo sin romper el pellejo que lo recubre es todo un arte culinario.
Siendo buena en la cocina, la centenaria dama no le pone peros a ninguna comida, suele comer todo tipo de alimentos y platillos.
Una crítica de los platillos
Actualmente compra comida en una cocina económica, y eso sí, no puede evitar criticar los platillos cuando percibe que algo les falta o les sobra.
Aduce su buena salud a la vida tranquila que ha llevado, dedicada a su familia, aunado a que nunca ha tomado bebidas alcohólicas, ni fumado.
Su estado general es bueno y hace apenas unos meses tuvo una situación de salud que la llevó al médico y que prácticamente ya ha superado. Ve y oye bien, su mente está lucida, platica sobre su vida y, como es normal a su edad, algunas cosas ya no las recuerda, pero otras las tiene muy presentes.
Caminar es lo único que se le dificulta, por lo que suele usar una silla de ruedas, pero se pone de pie y en ocasiones camina con apoyo de su burrito.
El pasado 27 de octubre, su cumpleaños número 101, vio que le iban a tomar fotografías y dijo que no le iban a tomar fotos en su silla de ruedas, por lo que se paró, caminó y posó para las fotos con la familia de pie.
Ese día recibió la sorpresa por parte de sus hijos de la música de un mariachi, lo que le emocionó hasta las lágrimas. El año pasado no celebraron su cumpleaños por la pandemia, sólo le hicieron la comida que eligió y cortaron un pastel. Pero esta vez le llevaron mariachi y asistieron sus tres hijos, y cuatro nietos.
Pidió comer platillo de fiesta: tamal, espagueti, sandwichón y pastel, y claro está, solicitó explícitamente que el tamal estuviera embarrado de merengue.
Vacunada contra el Covid-19
No recuerda a lo largo de su vida una pandemia como la de ahora, que le ha limitado salir y disfrutar de los parques, particularmente el de Las Américas, su favorito.
Olga de la Cruz fue inmunizada con la vacuna de Pfizer, pero no le han puesto su segunda dosis, pues las veces que la han llevado la vacuna está agotada. Olga de la Cruz, pese a que ahora tiene que estar todo el tiempo en casa, disfruta del cariño de su familia, que la cuida y procura, y no duda en beber de inmediato cuando le ofrecen un vaso de leche con vitaminas. Quizá por eso su buena salud y longevidad, y porque lleva su vida sin estrés, feliz y tranquila.
Fuente de juventud Vida tranquila y amor familiar
Olga de la Cruz Ballina, de 101 años, come de todo, ve y oye bien y le fascinaba bailar.
Oye de todo
“Me encanta la música”, señala. Escucha de todo, tanto música en la radio, como en la televisión los canales de Bandamax y Telehit. No rechaza la música urbana ni el reguetón.
Bailadora
Bailar también le gusta y rememora las épocas en las que acudía a los bailes en donde el danzón y el pasodoble eran los ritmos de moda, y más recientemente, los bailes populares en las colonias, que no se perdía cuando le avisaban que había algún festejo. Ya casi no camina, por su edad.
