Elena Martínez Bolio y Sonia González. La artista ofreció recientemente la conferencia titulada “Arte textil

Elena Martínez Bolio comparte sus experiencias

“Sacar la aguja, insertar la aguja, volver a sacar y de nuevo a insertar, la naturaleza rítmica y repetitiva de bordar o tejer es reconfortante, calmante y contemplativa”, dice Elena Martínez Bolio, artista visual.

Elena ofreció recientemente una plática con el tema “Arte textil, el poder sanador del bordado”, en un centro de arte y cultura.

Ante un numeroso público, la artista, quien ha hecho del bordado un estilo de vida, en el que conjuga el arte con la vida cotidiana, asegura que este tipo de trabajo ayuda a enfrentar la adversidad, y lo ha podido comprobar una vez más en estos tiempos de pandemia.

Considera que la idea de coser las costuras o las heridas causadas por el desgaste natural del acto de vivir, es algo que se está abriendo paso entre algunas mujeres, que desean zurcirse como metáfora.

“Para muchos enfermos de clínicas mentales, los privados de su libertad en penales, los sobrevivientes de una enfermedad o de una pérdida, para los mutilados de parejas, o de extremidades, para los olvidados de parientes o sobrepoblados de los mismos ha sido una herramienta permanente en su botiquín, una tabla salvadora, de hecho, sus historias, el punto de inflexión de su proceso de recuperación está ligado a la revelación de lo manual”.

“El simple acto de la tela les permitió acceder y resignificar la belleza a través de sus manos en actos de tejido y bordado, dibujo y collages”, expresa Elena, quien ha podido trabajar de cerca con grupos vulnerables de personas, como mujeres que a las puertas de un hospital esperan el diagnóstico o la recuperación de sus familiares en noches y días interminables, en los que la aguja y el bordado fueron la catarsis a sus penas y angustias.

Beneficios

Señala que hay investigaciones que muestran que el bordado y el tejido tienen mucho en común con la atención consciente y meditación, y se ha documentado el impacto positivo en la salud emocional y bienestar de las personas que lo practican.

“Las personas que practicamos estos oficios se dice que somos más felices y menos ansiosos. Este trabajo ayuda a disminuir la frecuencia cardiaca, la tensión muscular y la presión arterial. Yo experimento que me ayuda a estar en un tiempo presente. Y esto ayuda para la depresión y el manejo del dolor”, explica.

Apunta que además favorece la concentración, por lo que ayuda a los que sufren déficit de atención; la obra creada entusiasma, enseña a luchar para alcanzar objetivos y une a generaciones.

Elena Martínez manifiesta que los colectivos no reproducen la feminización del bordado como algo sumiso y banal, sino que allí las mujeres son capaces de coser cuidadosamente otras formas de feminidad, principalmente al reconciliarse con sus genealogías y al suturar colectivamente la jerarquización y valoración de quienes las precedieron.

Se remienda así la distancia entre las mujeres que participan y aquellas que son evocadas en el bordar, abuelas, tías, madres, así se zurce la relación con lo femenino como algo doméstico. En este hacer, remendar y embellecer con otras, los grupos se configuran como espacios sanadores y colectivos, que también les dan a las participantes nuevas formas de comprenderse a sí mismas y en relación con otras.

“La sensación de remendar, al bordar colectivamente, es nítida: la aguja y el hilo permiten reparar la tela desgarrada y al estar juntos, al compartir, al intercambiar nuestras historias, volvemos a tejer nuestra comunidad”.— Iris Ceballos Alvarado

Conferencia: Más detalles

La artista compartió con la audiencia varias historias de mujeres y hombres respecto a la experiencia del bordado.

Personal

También habló de sus vivencias y cómo el bordado se ha convertido en una fuente de expresión interminable, en la que puntada a puntada va bordando cada idea, sentimiento o emoción que nace de su interior.

Impacto

Con la repetición de las puntadas, afirma que se consigue respuesta de relajación, pues las puntadas con herramientas para alcanzar bienestar; bordar o tejer pone en funcionamiento el área motora del cerebro, la parte sensitiva, visual, auditiva, y la del lenguaje. Un estado en el que se está inmerso y en el nada más parece importar.

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