Aunque ahora está estrechamente asociado a la fiesta cristiana del nacimiento de Jesús

La pandemia ha cambiado nuestra percepción de la vida y, por tanto, de prácticas sociales como las celebraciones típicas de este mes

Tras dos años de vivir en crisis sanitaria, nuestra opinión del entorno ha cambiado. Eso incluye nuestras ideas sobre tradiciones arraigadas, como las fiestas decembrinas.

“La pandemia nos ha hecho más sensibles, nos ha hecho ver lo esencial: la salud, la vida, la familia, el tiempo”, dice Nelly Alicia Torres Góngora, doctora en Educación y docente de la Universidad Modelo. “Estamos viendo de nueva manera la Navidad porque nos estamos volviendo más sensibles”.

El enfoque sobre el cambio de año también se adapta a los tiempos. Antes de la declaración de la pandemia del Covid-19, recuerda la profesora, “cada fin de año traía mucho ánimo porque todo lo que no pudimos hacer nos lo proponíamos para el próximo, había muchos planes, nos considerábamos afortunados de contar con la oportunidad de vivir un año nuevo para, ahora sí, hacer lo que teníamos pendiente”.

“A raíz de la pandemia eso se ha agudizado porque vienen nuevos escenarios. 2021 fue el año de las vacunas; en 2022 la pandemia tiene que ir cediendo. El año nuevo da esperanza de que nos vaya mejor, de que podamos tener menos restricciones, menos hospitalizaciones, hacer lo que no hemos podido”.

La llegada de 2022, añade, “es más significativa que otros (años) porque estamos esperando más” del siguiente ciclo.

Según explica, las restricciones a la concentración de personas a fin de evitar la transmisión del virus causante del Covid-19 afectan a la gente porque chocan con una característica humana: la de la vida en comunidad, la del ser social. “El hecho de que casi por dos años hayamos estado sin convivir causa una afectación en mayor o menor grado”, dice.

Considera que se puede satisfacer la necesidad básica de contacto social y, al mismo tiempo, respetar las medidas de prevención de contagios durante los festejos decembrinos: “No se trata de hacer una gran fiesta, puedes hacer la celebración con tu familia, con las personas más allegadas y cumplir el requisito de las autoridades de no hacer aglomeraciones”.

Muy importantes

Alguien podría pensar que, ante el panorama sanitario actual, estas tradiciones serían prescindibles, pero la doctora Torres Góngora recuerda que, al igual que otros ritos sociales, “son sumamente importantes” e, incluso, los orígenes de algunas prácticas de la época se remotan a las de pueblos antiguos, que creían en el poder de los rituales “para tener lluvia, una buena cosecha, que la gente no muriera o no hubiera desastres”.

Es el caso del árbol de Navidad, costumbre que evolucionó a partir de usos paganos, como uno relacionado con la deidad germánica Thor. De acuerdo con la profesora, siglos después comerciantes de una ciudad europea colocaron por primera vez un abeto adornado en una plaza pública y más adelante Martín Lutero (1483-1546) inició la costumbre de decorarlo con velas.

A nuestro país, continúa, la tradición llegó de la mano de Maximiliano de Habsburgo, segundo emperador de México, quien de esa manera hizo eco de la moda europea.

Festejos prehispánicos

La doctora Torres Góngora recuerda asimismo que en la época prehispánica los mayas y mexicas tenían prácticas rituales en honor de sus deidades con motivo del solsticio de invierno, el 21 de diciembre. “Cuando los españoles llegaron, quisieron mantener el rito y solo lo cambiaron para orientarlo al cristianismo, al nacimiento del Niño Dios”.

“Es uno de los ritos aceptados por tradición precolombina, por lo tanto está muy arraigado en nosotros”, señala.

“Todo lo que tenga que ver con las necesidades profundas del ser humano va a permanecer; por lo tanto, (la Navidad) es una festividad que nunca va a desaparecer ni la vamos a desdeñar”, afirma la profesora.

Algunas tradiciones, sin embargo, sí se han modificado por la influencia de visiones comerciales de la fiesta, como las posadas, en las que ahora, a diferencia de antaño en que el menú consistía en alimentos de la región, “nos estamos yendo por la modernidad y los gastos”.

“Estamos en una época de crisis, pero las familias pueden encontrar el modo de mantener estas tradiciones, como lo hicieron el año pasado”, expresa. “Las tradiciones nos dicen lo que somos”; sin ellas “desaparecería una parte importante de nosotros”.— Valentina Boeta Madera

De un vistazo

Símbolo

Las piñatas tradicionales tienen siete picos porque representan el mismo número de pecados capitales.

Gracia divina

La persona que se venda los ojos evoca la fe ciega y los dulces que caen son la gracia de Dios que reparte ese regalo.

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