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Hablemos de bioética

Tenemos la necesidad de fijar la mirada sobre Jesús, quien es “autor y perfeccionador de nuestra fe”.

En Navidad celebramos la luz de Cristo que viene al mundo y Él viene para todos, no solo para algunos.

“Un niño nos ha nacido” (Is 9,5). ¡Ha venido para salvarnos! Él nos anuncia que el dolor y el mal no tienen la última palabra. Resignarse a la violencia y a la injusticia significaría rechazar la alegría y la esperanza de la Navidad.

La vida misma ha nacido y nos trae una vida que es eterna, ante nosotros tenemos la posibilidad de iniciar un nuevo año con la esperanza cierta de que es posible crecer y vivir más cristianamente.

En estos días de fiesta unámonos con todos aquellos que no se dejan abrumar por las circunstancias adversas, sino que se esfuerzan por llevar esperanza, consuelo y ayuda, socorriendo a los que sufren y acompañando a los que están solos.

Jesús nació en un establo, pero envuelto en el amor de la Virgen María y san José. Al nacer en la carne, el Hijo de Dios consagró el amor familiar.

Que la Navidad sea para todos una oportunidad para redescubrir la familia como cuna de vida y de fe; un lugar de amor que acoge, de diálogo, de perdón, de solidaridad fraterna y de alegría compartida, fuente de paz para toda la humanidad.

Que cada uno de gracias a Dios por la bendición de su familia, procurando ser fermento de paz y esperanza para los suyos.

A todos, ¡Feliz Navidad! ¡Bendecido año nuevo 2022!

Con mis mejores deseos.— Presbítero Alejandro de J. Álvarez Gallegos. Doctorando en Bioética.

 

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