BERLÍN (AP).— Una cueva en una ladera con vistas al valle del Ródano, en el sur de Francia, resultó irresistible para nuestros antepasados pues atrajo tanto a neandertales como a humanos modernos mucho antes de que se pensara que estos últimos habían llegado a esa parte de Europa, sugiere un estudio.

En un artículo publicado en “Science Advances” investigadores de Europa y Estados Unidos describen el hallazgo de herramientas y restos fosilizados de homo sapiens intercalados con los de neandertales en la Gruta Mandrin, que lleva el nombre de popular héroe francés del siglo XVIII.

“Los hallazgos brindan evidencia arqueológica de que estos primos homínidos pudieron haber coexistido en la misma región de Europa durante el mismo período de tiempo”, dice el equipo.

Los autores del trabajo calculan que algunos de los restos humanos datan de hace unos 54,000 años, casi 10,000 antes que los descubrimientos anteriores en Europa, con excepción de Grecia.

“Esto lleva significativamente más lejos la edad conocida de la colonización de Europa por los humanos modernos”, afirma Michael Petraglia, experto en prehistoria del Instituto Max Planck para la Ciencia de la Historia Humana.

Petraglia, quien no participó en el estudio, afirma que éste tiene importantes implicaciones para comprender la propagación de los humanos modernos y nuestras interacciones con los neandertales.

Los investigadores explican que pasaron más de 30 años examinando cuidadosamente las capas de tierra dentro de la cueva, que se encuentra a 140 kilómetros al norte de la ciudad mediterránea de Marsella. Descubrieron miles de artefactos que pudieron atribuir a los neandertales o a los humanos modernos. Éstos incluían herramientas de piedra avanzadas, conocidas como “puntas”, que fueron utilizadas por el homo sapiens —nuestro ancestro más cercano— para cortar o raspar, y puntas de lanza.

Se han encontrado herramientas similares de casi exactamente el mismo período a unos 3,000 kilómetros de distancia, en el actual Líbano, lo que indica que los humanos modernos con una cultura común pudieron haber viajado por el Mar Mediterráneo, señala Ludovic Slimak, uno de los autores del nuevo estudio.

Si bien los investigadores no encontraron evidencia de intercambios culturales entre los neandertales y los humanos modernos que se instalaron en forma alternativa en la cueva, la rápida sucesión de ocupantes es significativa en sí misma, subraya. En un caso, la cueva cambió de manos en el plazo de un año, agrega.

Slimak, arqueólogo de la Universidad de Toulouse, indica que los hallazgos en Mandrin sugieren que el río Ródano pudo ser un vínculo clave entre la costa mediterránea y Europa continental. “Estamos ante uno de los corredores migratorios naturales más importantes de todo el mundo antiguo”, apunta el especialista.

“Mandrin es como una especie de Pompeya neandertal”, subraya.