LA HAYA (EFE).— 2022 está siendo el año del MeToo en Países Bajos, donde han aumentado las denuncias públicas de acoso sexual en el mundo de la televisión, el fútbol y la política. Varios medios de comunicación confirman los casos y la delegada del gobierno contra este problema promete una cultura “más estricta”.

La crisis la iniciaron las participantes de “La Voz… Holanda”, el concurso musical que fue cancelado en enero porque decenas de mujeres denunciaron abuso de poder y acoso sexual. La lista se amplió después al club de fútbol Ajax, al partido socialdemócrata PvdA y al diario “De Telegraaf”.

El caso más reciente llegó la semana pasada. La empresa de radiodifusión pública NPO reconoció varios hechos en seis emisoras de su organización en los últimos tres años. Su presidenta, Frederieke Leeflang, no quiso dar más detalles porque “la confidencialidad y el anonimato son primordiales” para la cadena.

En enero, Leeflang envió una carta a los locutores en la que les preguntaba sobre comportamiento sexual transgresor y qué medidas se tomaron en consecuencia, y les expuso las opciones: asesores confidenciales, centros de denuncia y comités.

En este contexto, una treintena de cantantes neerlandesas pidió en una carta abierta “más oportunidades” de denunciar acoso sexual, y que los hombres en la industria musical reciban formación en el tema.

“Casi todas tenemos una o más historias que contar sobre el productor que de repente te mostró su pene o el mánager quince años mayor que entabló una relación contigo cuando tenías dieciocho años. O el colega artista que puso su mano sobre tus nalgas y el productor de radio que hizo comentarios inapropiados”, escribieron.

La sucesión de escándalos llevó a las autoridades a intervenir: crearon un nuevo cargo, el de comisionada del gobierno para asuntos de acoso y violencia sexual, que ocupa la socialdemócrata Mariëtte Hamer, para “generar conciencia y crear una cultura segura porque la intimidación y el abuso no tienen cabida” en el país.

Estará tres años en su nuevo cargo, dependiente del Ministerio de Educación, Cultura y Ciencia, y del de Asuntos Sociales y Empleo. “Se espera que sea una cara reconocible y una impulsora del cambio necesario para romper con la cultura que conduce al comportamiento sexualmente transgresor y la violencia sexual”, señaló el gobierno.

Hamer prometió una cultura en la que “todo el mundo se sienta más seguro”, pero subrayó que eso resultará de una actitud “un poco más estricta” de la sociedad.

En sus primeras palabras tras su nombramiento, Hamer admitió estar “sobrecargada” de personas y organizaciones que quieren colaborar, entre ellas un grupo de jóvenes. “Estábamos hablando del envío de fotos de penes y me dijeron: ‘Las recibimos todos los días. Las borramos y punto’. Están acostumbradas, pero claro que no les gusta”, dijo.

“¿Con qué nos sentimos seguros y qué aceptamos en las relaciones entre nosotros? Debemos tener esa conversación y eso conducirá primero a más denuncias, que luego bajarán, como se ha visto en otros países donde ya han tenido esa conversación”, señaló.

Iva Bicanic, fundadora del Centro contra la Violencia Sexual en Países Bajos, precisó que en el acoso sexual “siempre hay tres partes”: víctima, perpetrador y sociedad. “Nadie quiere realmente hablar de eso: la víctima prefiere no denunciarlo, el perpetrador tampoco lo hace, y la sociedad lo encuentra incómodo, y así seguimos callando”.

Bicanic, como varias organizaciones de lucha contra esta problemática, denunció en el canal público NOS el riesgo de que “todos se vuelvan a dormir una vez que las empresas tengan sus protocolos establecidos”.

Una encuesta difundida hace dos semanas por el programa “EenVandaag” de NPO aseguró que alrededor de un tercio de los hombres, especialmente los más jóvenes, “son más cuidadosos con los comentarios y las bromas que pueden parecer de tinte sexual”, cambio que se dio con el surgimiento del movimiento MeToo en 2017.

Pero las mujeres también trazan límites más estrictos cuando se trata, por ejemplo, de bromas sexuales y los hombres tienden a llamarse más la atención unos a otros al observar una actitud reprochable. “Ahí es donde tenemos que llegar, que nos hablemos de esa actitud”, añadió Hamer.