BARCELONA (EFE).— Las poblaciones humanas de la prehistoria reciente en la península ibérica, entre el final del Neolítico y el inicio de la edad de Bronce (de 3,500 a 2,300 años antes de Cristo), tenían fuertes vínculos de parentesco, según desveló un estudio del Instituto Catalán de Paleontología Humana y Evolución Social (Iphes).

El trabajo, que publicó la revista “Archaeological and Anthropological Science”, pone de manifiesto que las poblaciones que vivieron durante los períodos del Neolítico Final–Calcolítico y Bronce, en el noreste y partes norcentrales de la Península eran bastante homogéneas a nivel biológico y en su morfología dental.

El estudio, dirigido por Beatriz Gamarra, explica que el proceso de neolitización en la Península fue rápido y llegó tanto a las zonas costeras como al interior, aunque con un impacto diferenciado de las poblaciones recién llegadas en las distintas zonas.

Los análisis de ADN antiguo mostraron señales de poblaciones recién llegadas a la Península a lo largo del Neolítico y una reducción de la diversidad genómica desde el final del Neolítico hasta el inicio de la Edad de Bronce (2200-1200 a. C.), lo que sugiere, según el trabajo, “cierta movilidad de las poblaciones humanas e intercambio génico interno entre distintas poblaciones de la península ibérica”.

Los investigadores analizaron restos dentales, que sirven para hacer una aproximación biológica al tener un alto componente genético, ya que sus rasgos permanecen invariables a lo largo del tiempo. Además, se encontraron muchas piezas dentales en el registro arqueológico.

Los estudios de la morfología dental en poblaciones prehistóricas humanas de la península ibérica son escasos y este en concreto analizó las afinidades biológicas de poblaciones humanas del Neolítico y Calcolítico del norte de la Península con la morfología en 3D de uno de los tejidos internos de los dientes, la unión esmalte-dentina.

Los resultados sugieren que las poblaciones que vivieron durante los períodos desde el final del Neolítico-Calcolítico hasta la Edad de Bronce en el noreste y partes norcentrales de la Península eran muy homogéneas biológicamente.

Según Beatriz Gamarra, “seguramente, cuando había movimiento de elementos culturales, también había movimiento entre las poblaciones y, por tanto, la posibilidad de establecer vínculos biológicos entre sí”.

Sin embargo, los individuos enterrados en el yacimiento de Can Sadurní de Begues, Barcelona, presentan unas morfologías singulares que, junto a otros rasgos dentales, los diferencian del resto de poblaciones.

En conjunto, según la autora del trabajo “puede pensarse que esta población era particularmente endogámica, sin intercambio biológico con otras poblaciones de alrededor”. “O bien —agrega— que formaban parte de un grupo que ocupaba un cierto territorio, ya que se encontraron elementos culturales en común en otros yacimientos cercanos a Can Sadurní”.

Según Beatriz, los resultados no solo contribuyen al debate de los movimientos migratorios que ocurrieron en el pasado sino que demuestran el uso de los tejidos internos de los dientes como herramienta alternativa a los estudios del ADN.

“Sin poner en duda la fiabilidad de estos últimos, el método que empleamos en este trabajo nos acerca, de forma no destructiva, a establecer relaciones de similitud biológica y, por tanto, de parentesco, entre poblaciones antiguas”, destacó.