KIEV (AP).— Kiev, que se prepara para un ataque ruso potencialmente catastrófico, es el corazón espiritual de Ucrania y cuenta con algunos de los milenarios santuarios ortodoxos más sagrados del país.

Son monumentos de enorme importancia religiosa para los ortodoxos tanto ucranianos como rusos. Fuertes símbolos de la discusión sobre si ambos grupos son parte de un mismo pueblo, como sostiene Vladimir Putin, o naciones eslavas diferentes.

Entre los monumentos que correrían peligro están la Catedral de Santa Sofía, de domo dorado, y el Monasterio de las Cuevas. También, el Monasterio de San Miguel y la iglesia de San Andrés.

Las autoridades ucranianas informaron que las fuerzas rusas dañaron un monumento dedicado al holocausto judío, el Babi Yar, lo que recibió inmediatas condenas internacionales.

“¿Qué se puede esperar ahora si (atacaron) hasta Babi Yar?”, preguntó el presidente ucraniano Volodymyr Zelensky. “¿Qué otros puntos ‘militares’, ‘bases de la OTAN’, representan una amenaza para Rusia? ¿La Catedral de Santa Sofía, Lavra (Monasterio de las Cuevas), la iglesia de San Andrés?”.

No hay indicios de que los rusos hayan atacado intencionalmente Babi Yar. Ni se sabe si planean dirigirse a los monumentos religiosos de Kiev. Pero en otras ciudades han destruido edificios civiles y los santuarios de la capital se encuentran en sitios elevados, que son particularmente vulnerables.

La Catedral de la Asunción de Járkiv, la segunda ciudad más grande de Ucrania, resultó dañada en reciente ataque. Afirman que hay vitrales y otros elementos decorativos rotos. El templo pertenece a la iglesia ortodoxa alineada con Moscú.

Los monumentos de Kiev corren más peligro todavía. “Es una ciudad muy vieja”, dice Jacob Lassin, quien cursa el posgrado en el Centro Melikian de Estudios Rusos, Euroasiáticos y de Asia Oriental en la Universidad Estatal de Arizona. “El centro (de la ciudad) está muy comprimido. Puedes dispararle a un blanco y terminar golpeando otro”.

Los santuarios tienen un enorme valor simbólico, por más que la gente no comparta la fe que representan.

“La idea de que un símbolo tan fuerte, que lleva mil años en tu ciudad, pueda correr peligro o ser destruido es aterradora”, añade Lassin.

Estos símbolos son importantes no solo para los ucranianos sino también para Putin, quien justifica la invasión con el argumento falso de que desea contrarrestar a los neonazis de Ucrania, cuyo presidente es judío.

En el barranco de Babi Yar, 33,000 judíos fueron asesinados en 48 horas en 1941, cuando la ciudad fue tomada por los nazis. Fue una de las matanzas más grandes de la Segunda Guerra Mundial, según el Museo del Holocausto de Estados Unidos. “Es a la vez un sitio maldito y sagrado”, expresa Dave Harris, presidente ejecutivo del Comité Judío-Americano.

Si los santuarios ortodoxos de Kiev son atacados directamente o sufren daños involuntarios, ello constituiría una “desmentida total” de otro argumento de Putin: que defiende a los ucranianos ortodoxos leales al patriarca de Moscú, según Lassin.

“Estarían destruyendo literalmente la principal sede de los ortodoxos rusos, según su propia retórica”.

Los sectores más antiguos de los santuarios datan del reino de Kievan Rus en la época medieval, poco después de la adopción del cristianismo bajo la administración del príncipe Vladimir, en el siglo X. Putin dice que el reino es un ancestro común de los rusos y ucranianos de hoy. Los ucranianos, por su parte, afirman que son una nación separada que sufre un ataque fratricida de su vecino eslavo.

La catedral y un complejo monástico vecino representan “una obra maestra del genio creativo humano por su concepción arquitectónica y su notable decoración”, reza un folleto de la Unesco, que los considera Patrimonio de la Humanidad.

La Unesco pidió “protección (de los ataques) para la herencia cultural ucraniana”, incluidos los santuarios religiosos y los monumentos al Holocausto.

Santa Sofía, construida por el príncipe Yaroslav el Sabio en el siglo XI, está inspirada en la iglesia de Santa Sofía de Constantinopla (hoy Estambul), corazón espiritual y arquitectónico de la ortodoxia medieval. Tiene mosaicos y frescos de hace mil años y fue modelo para otras iglesias de la región, recuerda la Unesco.

“El enorme panteón de santos cristianos pintados en la catedral tiene multiplicidad sin paralelos entre los monumentos bizantinos de la época”, agrega.

El Monasterio de las Cuevas, con sus celdas subterráneas, tumbas de santos e iglesias construidas a lo largo de casi nueve siglos, fue fundamental en la expansión del cristianismo ortodoxo.

Santa Sofía, santuario de las dos principales ramas de la iglesia ortodoxa y los católicos, funciona ahora como museo y no se llevan al cabo servicios religiosos. Los dos sitios están asociados con ramas opuestas de la iglesia ortodoxa ucraniana.

El complejo monástico responde a la Iglesia Ortodoxa Ucraniana, afiliada al patriarca ortodoxo de Moscú, aunque dispone de autonomía. San Miguel responde a la Iglesia Ortodoxa de Ucrania, más nacionalista.

Los líderes de ambos grupos ortodoxos ucranianos condenan la invasión rusa.