Todos sabemos que Saramago se fue feliz de este mundo, expresó ayer el novelista Jorge F. Hernández, en la mesa redonda “Centenario de José Saramago” de la Feria Internacional de la Lectura Yucatán (Filey).
Feliz, congruente y muy querido, admirado y sobre todo muy amado, añadió de este autor Mayra González, directora literaria de Penguin Random House México en la transmisión vía Facebook de la feria.
José Saramago nació el 16 de noviembre de 1922, en Portugal, y falleció el 14 de junio de 1910, en España, pero era muy amigo de México.
“Cuando entró a Ciudad de México, Saramago está ahí, tuvo como el cuento de Monterroso, por no decir cuando yo desperté Saramago todavía estaba ahí, bueno él estaba ahí”.
Al referirse al tema de la novela “Claraboya”, recordó que él trabajaba en una editorial y “yo creo que trabajar en una editorial hace a las personas particularmente entrañables”, se vive en una jungla muy curiosa en donde suelen suceder cosas mágicas, por ejemplo, cuando llega el primer manuscrito de un cuento de (Julio) Cortázar a la redacción editorial, el que lo lee es (Jorge Luis) Borges”.
“A mí esas cosas me emocionan, me ponen la piel chinita porque además es Borges el que le escribe a ese joven larguirucho y le dice que lo van a publicar. Es la primera vez que publica ‘Cartas de mamá’, así se llama ese cuento”.
En el caso de Saramago, “Claraboya” la había entregado a una editorial y el manuscrito original se perdió. “Esa historia es fascinante porque aparece después de la muerte de Saramago y se vuelve una de las novelas que la han leído muchísimos más jóvenes de lo que yo pensaba porque el título nos despierta el interés metiche que tenemos todos cuando contemplamos un edificio”.
“Poderlos meternos por la chimenea, por una de las ventanas, y ver quienes viven ahí y qué vidas hay ahí y Saramago era un autor que en resumidas cuentas eso hacía con su literatura. Él veía por la claraboya toda la realidad que le interesaba y cuando se le antojaba se sentaba y se ponía a trabajar”, comentó el escritor, quien conoció al autor portugués.
Mayra González comentó que en sus novelas está el tema de la conciencia política, la justicia social, el interés por entender a las almas sencillas y sabias como era su abuelo.
En la charla también hablaron de las mujeres de Saramago y de los absolutos.
Mayra González expuso que él se atrevió, se divirtió y pensó en tres libros en donde la hipótesis es qué pasaría si un día todos amanecemos ciegos con una ceguera blanca, qué pasaría si un día nadie sale a votar, qué pasaría si un día nadie se muere. Y ahí están esas tres fabulosas novelas: “Ensayo sobre la ceguera”, “Ensayo sobre la lucidez” y “Las intermitencias de la muerte”, “era un atrevimiento enorme porque, claro, la idea suena muy bien y luego hay que tener la maestría para contar esto sin que se te caiga… él tenía una curiosidad infinita sobre ese tipo de suposiciones e hipótesis.— Claudia Sierra Medina
