El hallazgo de un fragmento del maxilar superior y del cigomático (mejilla), del cual hablamos en la portada, se ha producido en el yacimiento con la datación más antigua de toda la Sierra de Atapuerca, el de la Sima del Elefante, donde en las campañas de 2007, 2008 y 2009 se encontraron los restos óseos homínidos más antiguos de Europa —un molar, una mandíbula y un húmero— de entorno al 1.2 ó 1.3 millones de años, pero cuya especie no se pudo precisar, de ahí que se lo denominase Homo sp (sin filiación).
De este modo, uno de los retos a partir de ahora pasan por conectar estos tres hallazgos de hace 15 años con el realizado actualmente, para poder cambiar el apellido de este Homo sp y conferirle una especie al antepasado europeo más remoto.
Eudald Carbonell señaló que con este descubrimiento Atapuerca entra en su “segunda década prodigiosa”, ya que en estos momentos saben y tienen identificados mediante el análisis estratigráfico dónde se ubican las “zonas calientes” de poblaciones, que indican que en los próximos diez años irán apareciendo más restos de homínidos.
“Hace unos años nosotros fuimos los primeros en decir que Europa estaba repleta de humanos hace un millón de años y así se ha comprobado. Hoy digo que Europa estaba repleta hace 1.5 millones de años”, se aventuró a pronosticar Carbonell, quien destacó que solo en Atapuerca a nivel mundial se puede encontrar un registro fósil que abarque desde los 1.5 millones de años hasta el presente, con todas las especies humanas conocidas representadas en este lapso.
Pero, ¿por qué es tan importante poner cara al primer europeo? Esta una de las cuestiones que se planteó el paleoantropólogo José Luis Arsuaga, quien reconoció que la cuestión encierra también un importante cariz “filosófico”.
“Los neandertales son más contemporáneos pero son muy diferentes a nosotros, pero, sin embargo, sorprende ver lo mucho que nos parecemos a una especie de más de 800,000 años”, señaló Arsuaga en alusión al Homo antecessor, una de las especies más icónicas de la Sierra de Atapuerca, en este caso, del yacimiento de la Gran Dolina.
Envueltos en barro y con la emoción de que se trataba de algo muy importante, el equipo de Atapuerca ha traído al siglo XXI unos restos que darán información sobre cómo era el semblante de los europeos hace 1.4 millones de años y si podríamos reconocernos mutuamente al mirarnos frente a frente.
