Rodri, Susi y Mau son tres peces aguja muy amigos que viven en Chicxulub. Desde mayo planearon una excursión al cráter de este municipio, que se encuentra en el fondo del mar, pues en clases les explicaron que hace 65 millones de años un meteorito gigante cayó en la Tierra y causó la desaparición de los dinosaurios.

Las peripecias de los amigos se describen, junto con otras cuatro historias que involucran animales marinos, en el libro “Cuentos de verano en las playas de Yucatán”, de Ana Cristina Gáber Erosa.

Las historias están dirigidas a niños de 2 a 9 años de edad y buscan, sobre todo, que los pequeños olviden los juegos de vídeo y el celular y regresen a los libros, herramientas que usaron otras generaciones para echar a volar su imaginación.

Soy yucateca. Crecí toda la vida en contacto con la playa y la arena, en constantes visitas a Progreso. No necesité aparatos para divertirme; era feliz explorando e interactuando con el mundo, no pegada a un juego artificial”, indica la autora.

A lo largo de sus 100 páginas, en formato italiano, narra la historia de los hermanos cangrejo y los caballitos de mar; los amigos caracol y su cruzada para armar un muñeco de arena; los hermanos pez aguja y sus aventuras en el cráter de Chicxulub; los hermanos gaviota y el monstruo, y la búsqueda del tesoro que realizan las jaibas.

Son cuentos humanos con caracteres de animales, pues a los niños les encantan y la obra busca comparar en cada historia lo que los menores hacen en el día a día, rescatando los valores.

Cuentos con una intención 

La autora señala que buscó “transmitir valores como la aceptación de las diferencias, entender que a veces nos puede dar miedo lo que no conocemos, pero no significa que sea malo, y hacer el bien, sobre todo, la importancia de la familia: papá, mamá, hermanos y abuelos”.

Las historias son breves y se complementan con ilustraciones elaboradas en acuarela por la misma autora. Al final de cada cuento hay un juego para buscar al animalito protagonista de cada historia y datos interesantes sobre los mismos.

“Los juegos para buscar al personaje estimulan a los niños para entretenerse. Les emociona. Es una manera de hacer el libro interactivo y llamativo para los pequeños”, indica.

La autora ha tenido oportunidad de leer las historias ante el público infantil y reconoce que el tema de la ilustración ha sido clave.

“A los niños les emociona ver a los cangrejos, gaviotas. El solo hecho de ver y reconocer a los animalitos es muy grato para ellos. Incluso los que no saben leer interpretan su propia historia solo con ver las imágenes y es el impacto que quería lograr: que a través de la imaginación el niño conecte con la naturaleza”, indica.

Además, recuerda que ha recibido comentarios positivos de gente que no conoce, en la que le comparten lo “maravilladas que se sienten y lo hermoso que es”.

¿Quién es Cristina Gáber?

Cristina Gáber estudió psicología y pedagogía y se ha dedicado a temas de formación en familias y niños. También pertenece a un club de lectura que la impulsó en la creación del libro.

Vivió muchos años fuera del Estado y a su regreso comenzó a impartir clases de pintura, actividad durante la cual descubrió que niños y niñas, sin importar su edad, se sienten identificados con los dinosaurios y, por ende, les emociona la temática.

“Los dinosaurios les provocan diferentes emociones, pero en general les gusta el tema y creo que gran parte se debe a que somos una región que se identifica con estos animales y está muy presente en nuestra vida”.

Sobre sus razones para escribir el libro, comparte que lo vivido en la clases de pintura fue el detonante.

“Después de dar clases toda la pandemia a niños, me quedé con la inquietud de hacer algo por ellos. Percibí que el excesivo contacto con las redes sociales y juegos en sus móviles les está robando parte de su niñez, de su inocencia, creatividad, capacidad de asombro… por lo que empecé un proyecto de cuentos ilustrados para niños con el objetivo de fomentar en ellos la creatividad, contacto con la naturaleza y valores humanos necesarios para su etapa de crecimiento”, finaliza la autora.— Isabel Montero Zaldivar

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