Durante el encierro a causa de la pandemia, la maestra Lourdes Cuevas Villanueva decidió escribir todos los sucesos extraordinarios que ha vivido en 30 años como integrante del grupo de oración “Nuestra Señora del Rosario de Fátima” y que ahora se llama “Epifanía”.

“Me puse a pensar que todas esas cosas tan hermosas no me las podía quedar y tenía que compartirlas para aumentar la fe de los demás”, dice.

La idea era hacer nada más un cuaderno de testimonios, pero fue tal la aceptación de la gente a la iniciativa que le pidieron que hiciera un libro con más experiencias.

Hoy, ese primer cuaderno es el libro “Cuando el amor se manifiesta”, que ayer se presentó en la biblioteca pública central estatal “Manuel Cepeda Peraza”.

En el evento, la autora estuvo acompañada de su amigo ingeniero Víctor Escalante Pérez y su esposo maestro Miguel Pérez Concha, testigo de varios sucesos relatados en la obra y autor de la foto de la contraportada. Se exhibieron algunas imágenes que aparecen en el libro.

En el texto, relata la maestra, da cuenta de acontecimientos que comenzó a vivir cuando en 1992 formó con sus vecinas de la García Ginerés un grupo de oración.

Uno de ellos tuvo lugar en un santuario en Estados Unidos. Su hijo, entonces de 10 años, le tomó una foto al Sol, logrando una imagen impresionante, con mucha luz.

“Durante años nos preguntamos qué era hasta que una persona nos dijo que eran los corazones unidos, que era la puerta del Cielo y que se veía a la gente entrar de blanco por esa puerta”, señala la autora, que eligió esa imagen para la portada.

En el libro, la maestra Cuevas Villanueva también narra cómo, tras reunirse con su grupo a hacer oración, caían brillitos o escarcha. El suceso se repitió en los lugares adonde iba a orar, como la capilla de San Rafael Arcángel, una de Mulchechén y otra más en la colonia Bosques de Campeche.

“Era impresionante la profusión de escarcha y eso los convencía que era obra de Dios y hacía que se formaran más grupos de oración”.

Igualmente incluye el caso de la nieta de una compañera de oración que el año pasado comenzó a tener problemas en los pies, al grado de que necesitó silla de ruedas.

“Aunque su familia la llevó con los mejores especialistas, nadie le supo dar un diagnóstico. Un día sus familiares la llevaron a nuestro centro de oración, en la iglesia de Fátima, y la llevamos en procesión adonde está la imagen de la Virgen para pedirle que intercediera ante el Señor para sanarla”.

La joven, dice la maestra, se recuperó y ya camina como antes.— IVÁN CANUL EK

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