Es médico ortopedista, pero también escritor. No puede ser solo uno, no se imagina así. Así lo expresa el doctor Edgardo Arredondo Gómez durante una entrevista en la que platica no solo de su más reciente novela, “El cuarto 7” (Editorial Felou, 2022), sino de otras de sus obras y su pasión por las letras, que le ha llevado a tener casi una decena de títulos en su “tardía carrera como escritor”, como él mismo la describe.

Tanto como médico como escritor, Edgardo Arredondo busca ser amable con el lector. “Hay maneras, por ejemplo, de explicar qué es la osteoporosis sin tener que dejar con los ojos cuadrados al paciente, con conceptos y palabras que pueda entender dentro de su lenguaje cotidiano. De la misma manera se puede ser amable con el lector, sin tantos tecnicismos y palabras domingueras”.

“Es muy difícil separar mis dos vocaciones, de ortopedista y escritor. No hay un solo día que no pase algo durante la consulta con mis pacientes que no me dé material para escribir un nuevo libro, cuento o historia”.

“El cuarto 7” es una historia que conjuga diálogos, intriga y horror, que no hay que confundir con terror.

Es una obra que se lee de principio a fin sin soltarla y se consume en un solo día.

Ni el mismo autor pensaba que lo que comenzó al lado del escritor y periodista Joaquín Tamayo como un ejercicio para elaborar un reportaje se iría transformando poco a poco en una obra con una delgada línea entre ficción y realidad.

“Con ‘El cuarto 7’ la dificultad para escribir se duplicó, porque hay que tomar en cuenta que llevé al cabo la investigación y redacción en plena pandemia, pero la desarrollé mezclando los hechos reales con episodios ficticios, sin modificar el hilo conductor de la historia”, explica.

El género de novela es de los favoritos de Edgardo, aunque también ha publicado cuentos y anecdotarios. “Me encanta escribir novela, porque siempre sé para dónde va. Y en esta ocasión, que muchas de las situaciones descritas sí ocurrieron, me hizo la escritura más fluida”.

Sobre la clínica donde se desarrolla la historia, que fue conocida por muchos años como Central Pediátrica (en la esquina de las calles 57 y 54 del Centro), se cuenta que ha sido escenario de episodios paranormales desde tres años antes de que cerrara de forma definitiva.

Ahí era cada vez más común escuchar ruidos fuera de lo normal, como el llanto de bebés, el arrullo de las enfermeras para dormir a los niños, el chillido de las bancas de espera del hospital cuando alguien se sentaba o las movía de lugar, las teclas de la máquina de escribir de la secretaria y las llaves del velador cuando subía y bajaba las escaleras de los tres pisos del edificio.

Todos estos detalles forman parte de esta novela, los hechos que cuentan personas que trabajaron ahí y que el doctor Arredondo adereza con un poco de ficción para darle sabor a la obra.

Fueron alrededor de seis meses los que invirtió en preparar y tener lista la novela, desde que empezó sus entrevistas hasta que la concluyó y fue impresa por la editorial.

Y aunque la pandemia lo “amarró” un poco, pues ya estaba encarrilado presentando un libro detrás de otro, hubo otros factores que lo desanimaron un poco, como el hecho de que se viniera abajo el proyecto de que su obra “Médico sicario” fuese película. ¿La razón? El recorte presupuestal al fideicomiso al cine independiente por mandato presidencial.

“Pero no me quedé con las ganas de una segunda parte para ‘Médico sicario’, y es así como sale a la luz ‘Sin miedo al destino’, que se junta con el libro ‘Los 10 consejos que nadie me pidió, pero me vale madres y vengo a darlos’ y alcancé a presentar ‘Los profanadores’, ambos ilustrados por Tony Peraza”.

Al entrevistado le gusta meterse en las escenas de sus obras, como médico e investigador lo lleva en la sangre y lo traslada al aspecto literario.

También amante de los epílogos y el género de novela histórica, el doctor Arredondo explica que éste le permite adentrarse en hechos reales para transformarlos en una historia ficticia y dejar al lector en el filo que divide a ambas, con la sensación de no saber dónde termina la realidad y dónde comienza a volar la imaginación del autor.

También disfruta escribir historias de horror y suspenso, como es el caso de “El cuarto 7”, en que narra acontecimientos paranormales y el protagonista es un médico que al principio se burla de las historias que suceden en una clínica abandonada.

¿Acaso el protagonista de la historia es el mismo doctor Arredondo? No puede evitar reírse a carcajadas, pero de inmediato responde: “soy un creyente un poco escéptico. ¿Cómo es eso? Sí creo en las presencias espirituales y de otro mundo, porque las he experimentado en diferentes etapas de mi vida, pero antes busco una explicación lógica y científica al acontecimiento. Si no la encuentro, pues ya no le rebusco”.

Cuenta que él sí llegó a escuchar el sonido de una máquina de escribir, canicas que rodaban por el piso y el juego de llaves que se movía cuando subía las escaleras el velador, al grado de que estando en el tercer piso, frente a la puerta del famoso cuarto 7, llegó a sentir que se le erizaba la piel y que era observado. Un cuarto que se cerraba por dentro, sin que hubiese persona alguna.

“Definitivamente fui testigo de esos acontecimientos y reconozco que había algo inexplicable”, admite.

De su cosecha

Sin embargo, no todo lo que se describe en la novela sucedió en la antigua clínica. También utilizó experiencias personales para enriquecer la historia. Uno de esos episodios es con el personaje de “don Chepo”, el sepulturero, al que conoció en su época de estudiante en la Facultad de Medicina, cuando iba con sus compañeros a revisar las tumbas abiertas en busca de huesos para estudiar, él en particular entre calcetines viejos, pues desde esa época ya quería ser ortopedista. “Locuras de jóvenes que nos llegaron a erizar la piel y, años después, nos hacía pensar cómo nos atrevíamos a hacer tales cosas”, comenta entre risas nerviosas. “Detalles como éstos me hacen reconocer que ‘El cuarto 7’ describe en cierta manera mi persona y lo que he vivido en algunos episodios de mi vida”.

Estas experiencias han llevado al doctor Arredondo a querer conocer mejor la labor de los empleados de los cementerios y platicar con habitantes del interior del Estado que tienen a la mano y por montones este tipo de historias.

“Podría escribirte acerca de los aluxes sin haberlos visto, con todo lo que me han platicado sobre ellos. Por ejemplo, con la construcción del Tren Maya, me pregunto si no habrá un ejército de enanitos mayas molestos por la intromisión en su territorio”, señala.

 

“Desde estudiante fui de leer y encontraba compañeros que hacían lo mismo o se integraban al grupo de música. Por eso cuando di clases le decía a mis alumnos que además de la Medicina encontraran un arte que les gustara y llenara esos espacios en los que necesitaban motivarse o disfrutar de momentos para uno mismo, algo relacionado con el arte y acercarse aún más al humanismo”.

“Un médico humanista lo acerca aún más al dolor de sus pacientes, a lo que viven y sufren con el mal que les aqueja, y solo se logra conectándose con alguna rama del arte como la música, la literatura, pintura, etcétera”, afirma.

“El idioma científico es ecléctico, acartonado, frío y exacto; mientras que el lenguaje literario te permite volar con el lenguaje, sientes que las manos se sueltan y cuando te das cuenta ya no puedes detenerte escribiendo una historia detrás de otra, con la imaginación como ingrediente principal”, describe de manera entusiasta.

“Si aún no han leído ‘El cuarto 7’ les invito a hacerlo. No se van a aburrir porque es una novela picante, con relatos donde no te vas a empantanar y un hilo que nunca vas a perder de vista”, asegura el autor.

La obra se presentará en el marco del Otoño Cultural mañana viernes, a las 19 horas, en la Cineteca Manuel Barbachano Ponce del Teatro Armando Manzanero. Lo hará acompañado de José Castillo Baeza y Joaquín Tamayo, y de Rosely Quijano como moderadora.

“Mi anhelo más grande es que me lean, pero sobre todo me relean, por el simple gusto de regresar a la historia como cuando te encanta una película y la vez una y otra vez sin cansarte, para descubrir algo nuevo en la historia”, concluye.— Renata Marrufo Montañez

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