NUEVA YORK.— Las memorias del príncipe Enrique de Inglaterra, que han causado expectación en todo el mundo desde que se anunciaron el año pasado, saldrán a la venta el 10 de enero.

La editorial Penguin Random House presentó el libro, titulado “Spare (Repuesto)”, como un relato contado con una “honestidad cruda e inquebrantable” y lleno de “perspicacia, revelación, autoexamen y una sabiduría ganada a pulso acerca del poder eterno del amor sobre el dolor”.

En un comunicado de prensa que cita The Associated Press, Penguin Random House recordó el impactante deceso de la madre de Enrique, Diana, en 1997 y la imagen de él y su hermano, Guillermo, “caminando detrás del féretro de su madre mientras el mundo observaba con pena y horror”.

“Mientras Diana, la princesa de Gales, era enterrada, millones de personas se preguntaban qué debían estar pensando y sintiendo los príncipes, y cómo serían sus vidas a partir de ese momento”, apuntó la nota.

“Para Enrique, ésta es por fin su historia”.

El título de las memorias es una aparente referencia a que Enrique es un “repuesto” real, ya que no es el primero en la línea de sucesión, el puesto que ocupa su hermano Guillermo, actual príncipe de Gales.

La obra verá la luz tras un retraso ocasionado por la muerte de la reina Isabel II, ocurrida en septiembre pasado, y su intento de rectificación. Al fallecer la soberana y producirse su acercamiento con la familia real británica, el duque de Sussex intentó a última hora suavizar la autobiografía ante el temor de que ésta “no fuera demasiado bien recibida”.

Una petición en la que muchos vieron una señal del príncipe Enrique, que deseaba “desesperadamente hacer cambios”, para acercarse a la familia real, pero que podría haber llegado tarde.

Éste no sería el único cambio que habría tenido el escrito, ya que la propia editorial exigió al príncipe que realizara cambios en el primer borrador, al considerar que se centraba demasiado en sus problemas de salud mental y no se adentraba en la batalla que mantiene con la familia real británica.

El libro, de 416 páginas, se publicará en 16 idiomas además de formato audiolibro con la voz de Enrique.

Los términos financieros del acuerdo no se han revelado, pero el duque de Sussex donará los ingresos a organizaciones benéficas británicas. Ya ha entregado 1.5 millones de dólares a Sentebale, el colectivo que cofundó con el príncipe Seeiso de Lesoto para ayudar a los niños y jóvenes de Lesoto y Botsuana afectados por el VIH/sida.

Enemistad

El distanciamiento entre Enrique y su familia no es el único problema familiar en la realeza: siempre se ha rumorado de la enemistad entre Carolina de Mónaco y la princesa Charlene, quienes son hermanas políticas.

La persona clave en este tema es Françoise Dumas, encargada de organizar y garantizar la correcta ejecución de todas las ceremonias y fiestas de la realeza en Francia y Mónaco.

La boda del príncipe Alberto II y Charlene fue uno de esos eventos a su cargo, indica “El Universal”.

Lo cierto es que antes de esa celebración nupcial, las cuñadas tenían una relación que se transformó en lo que ahora se puede percibir como una “enemistad”.

Luego de compartir muchos momentos en familia en la relación de noviazgo de su hermano, la princesa Carolina pudo advertir que a Charlene le costaba adaptarse al principado y llegó a hacerse a la idea de que el príncipe Alberto se había equivocado al elegirla como compañera de vida.

Philippe Delorme, quien ha publicado libros sobre la familia Grimaldi, afirmó en “Madame Figaro” que en la boda se percibió un matrimonio arreglado.

El escritor afirmó en 2011: “Él (Alberto) eligió una esposa que se parecía a su madre, y Charlene claramente se sintió muy incómoda en este papel de Grace Kelly que querían que interpretara”.

Una de las personas que estaba muy incómoda con la situación de la nadadora era la princesa Carolina.

Lo que confirmó más las diferencias entre las cuñadas fue un hecho que ocurrió el mismo día de la boda por la ubicación de los invitados.

El enlace organizado por Françoise Dumas tenía que seguir el protocolo: a la derecha de la novia debía sentarse el padre, y así lo hizo; a la izquierda del novio debía estar ubicada la mujer más importante del principado, es decir, Carolina de Mónaco. Pero esta última ubicación fue ocupada por Lynette Humberstone Wittstock, la madre de Charlene.

Desde entonces, la misma organizadora ha dicho que pudo haber sido un error de ella, pero, fuera de las sanciones de la experta, parecería que la molestia de la princesa no se calmó con el correr de los años.

La decisión de la hija mayor de Raniero III y Grace de Mónaco fue sentarse con el rey Alberto de Bélgica y el Gran Duque de Luxemburgo.

Con el paso del tiempo se expusieron hechos que alimentaron las teorías de enemistad entre las cuñadas: la ausencia de Charlene en el Baile de la Rosa que siempre preside Carolina y los desplantes en presencia de los medios, como la declaración: “Mónaco es un lugar poblado de tiburones y víboras”.

 

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