MADRID (EFE).— Cuando se cumplen 150 años del nacimiento de Pío Baroja, escritores e instituciones destacan la vigencia de la literatura de un autor que se definía como “hombre humilde y errante” y por encima de todo defendía la libertad interior.

La Real Academia Española (RAE), de la que el escritor español fue integrante; el Círculo de Bellas Artes de Madrid y asociaciones culturales están preparando homenajes para recordar su figura y obra.

También instituciones del País Vasco, donde nació Baroja, han fomentado la lectura de su obra y una editorial publicó con el mismo motivo las memorias “Familia, infancia y juventud”, en edición conmemorativa.

En el homenaje de la RAE, la académica Soledad Puértolas recuerda que el estilo del escritor “no es solo el desaliño, la poesía contenida, la melancolía”, sino que, por encima de todo, destaca “la continua afirmación de la libertad interior del individuo, así como la irreductible independencia de sus opiniones y juicios”.

Recuerda Puértolas que para los escritores de su generación, la del 98, Baroja fue “corriente de aire fresco, una mirada crítica impregnada con un nuevo espíritu”.

Pero a Baroja no le gustaba el término de Generación del 98 porque estuvo siempre en contra de la clasificación. “Siempre alerta ante consignas y convencionalismos”, señala la académica.

Según recuerda la RAE, Baroja, quien se definía como un “hombre humilde y errante” y “un fauno reumático que ha leído un poco a Kant”, ocupó el asiento A de la Real Academia el 12 de mayo de 1935 con el discurso titulado “La formación psicológica de un escritor”.

El novelista se graduó de Medicina y ejerció en Guipúzcoa durante varios años. Empezó a dedicarse profesionalmente a la literatura en 1898. Entabló relación con los jóvenes autores del momento, con los que coincidió en las redacciones de revistas y periódicos.

La obra de Baroja es el reflejo de la vida del autor y la de España, con personajes generalmente disconformes con la realidad, aunque su lucha contra ella termina resultando estéril. Se le cataloga como una literatura vigente en la actualidad.

Entre sus obras destacan la trilogía “La lucha por la vida”, la historia de aventuras “Las inquietudes de Shanti Andía”, “Zalacaín el aventurero” y la autobiográfica “El árbol de la ciencia”.

Guerra civil

Sobre la guerra civil española habló en la trilogía “Los saturnales”, de la cual solo se publicó un tomo en vida del autor: “El cantor vagabundo”, en 1950.

En 2006 apareció el segundo, “Miserias de la guerra” y en 2015 su sobrino nieto presentó la obra que completaba la serie, “Los caprichos de la suerte”, que también fue la última que escribió el autor guipuzcoano.

Según Pío Caro Baroja, su tío buscaba “la equidistancia”, pues era “antirrepublicano”, no creía en los políticos y no le gustaban tampoco los nacionales, es decir, los militares sublevados en 1936 contra el gobierno de la II República. Mostró, eso sí, una “posición inequívoca” contra el nazismo.

“Pensaba que España necesitaba un cambio y no le gustaba la violencia. Fue una persona independiente y justa y también arbitraria, de filias y fobias”, manifiesta Caro Baroja.

El autor murió a consecuencia de la arterioesclerosis el 30 de octubre de 1956 en Madrid. Cargaron el féretro hasta el cementerio civil, entre otros, dos grandes admiradores suyos: Ernest Hemingway y Camilo José Cela, que fueron premios Nobel de Literatura.

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