LISBOA (EFE).— Portugal entra en la cuenta atrás para la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) de la Iglesia católica, un macroevento que aspira a reunir en agosto en Lisboa a un millón de personas y que refuerza los intentos de la capital lusa por internacionalizarse en plena incertidumbre económica.

La llegada de peregrinos, sumada a la temporada turística veraniega, constituye una oportunidad económica para las localidades que acogerán el encuentro que, entre el 1 y 6 de agosto de 2023, se celebrará en Lisboa, la vecina Lourdes y el santuario de Fátima y que, según los organizadores, es también una forma de poner el nombre de Portugal en boca del mundo al recibir al papa Francisco.

Eventos multitudinarios y de interés internacional, como la Web Summit, ArcoLisboa, la Cumbre de los Océanos de la ONU y el festival Rock in Río han contribuido en los últimos años a consolidar la “marca Lisboa”.

“Será un momento histórico y el retorno financiero será superior en el posicionamiento de Lisboa como ciudad de la libertad, abierta, para quienes tengan religión y para quienes no”, afirmó el alcalde de la capital portuguesa, Carlos Moedas, en una reciente entrevista con EFE.

Para el politólogo António Costa Pinto, este macroevento —hasta la fecha se han inscrito 200,000 personas— ayudará a Portugal “en su imagen internacional como país cosmopolita y abierto”, pero, matiza, es un evento más entre los varios que acoge la capital.

El presupuesto

Aunque no hay todavía cifras cerradas, el gobierno del socialista António Costa ha anunciado más de 36.5 millones de euros de financiación y el Ayuntamiento de Lisboa, otros 35 millones destinados a infraestructuras.

La Iglesia no ha divulgado su inversión total, que depende de los inscritos en la JMJ en un clima de guerra e inflación que puede alterar la participación.

“Yo puedo encargar 500,000, un millón o 300,000 de algo, pero la incertidumbre del número de peregrinos que vamos a tener en la jornada todavía es muy grande”, explicó el presidente de la Fundación JMJ Lisboa 2023, Américo Aguiar.

Aguiar, obispo auxiliar del Patriarcado de Lisboa, adelanta que solo la alimentación de los peregrinos puede costar “varias decenas de millones de euros”, aunque será financiado en su mayoría por los propios fieles.

Alimentos y hospedaje serán dos elementos clave en la organización de la Jornada y la Fundación JMJ Lisboa 2023 (entidad creada para el evento) lanzó un protocolo de cooperación con la Asociación de Hotelería, Restauración y Similares de Portugal (Ahresp), que diseñará un vale digital para facilitar los pagos de los peregrinos esos días.

La Asociación de Hotelería de Portugal adelanta que muchos alojamientos han comenzado a colgar el cartel de completo para esas fechas tanto en Lisboa como en Fátima, donde se encuentra el santuario católico más importante del país y que también espera la visita del Papa.

Además, las obras para habilitar los diferentes escenarios de la JMJ dejarán como legado un parque —donde antes había un vertedero— que unirá Lisboa y Loures.

El Ejecutivo luso espera un retorno para Portugal de unos 350 millones de euros, tomando como referencia el impacto de la JMJ de Madrid en 2011, aunque es difícil cerrar cifras en un contexto de crisis económica.

Seguridad reforzada

La seguridad en un evento de semejante magnitud será un desafío para la policía lusa, admitió el ministro de Administración Interna de Portugal, José Luís Carneiro, y exigirá “un suplemento del servicio”, aunque no tomará por sorpresa a los agentes, que ya han gestionado visitas papales, cumbres y grandes espectáculos deportivos.

La Iglesia, que contará con cerca de 25,000 voluntarios, tomará sus propias medidas en la acogida de los peregrinos y ha firmado un acuerdo con la Asociación Portuguesa de Apoyo a la Víctima (APAV) para prevenir, proteger y dar respuesta “a incidentes que puedan envolver a los participantes”, incluidos los abusos sexuales.

Petición por la paz

La Jornada Mundial de la Juventud celebró su primera edición en 1986 y ha sido acogida por Buenos Aires, Río de Janeiro, Madrid y Sídney, entre otras.

Lisboa era su sede en 2022 pero tuvo que retrasarla por la pandemia del coronavirus.

El programa incluirá el habitual pedido por la paz, con una mención especial a la invasión rusa en Ucrania, y abogará por la sostenibilidad medioambiental, económica y social.

Mientras tanto, un contador instalado en el mirador del céntrico parque lisboeta de Eduardo VII —sede de alguna de las actividades de JMJ— marca la cuenta atrás para la llegada del papa Francisco.

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