Con una gran asistencia de feligreses, el obispo auxiliar de Yucatán, monseñor Pedro Mena Díaz, celebró en la Catedral la misa del Miércoles de Ceniza, que marca el inicio de la Cuaresma.

En la ceremonia se oró por la pronta recuperación de la salud del arzobispo de Yucatán, monseñor Gustavo Rodríguez Vega, quien se encuentra convaleciente en San Salvador debido a una bacteria que le entró en la sangre. “Dios mediante este fin de semana ya estará de nuevo con nosotros porque ha evolucionado bien”, adelantó.

También pidió que el Señor Jesús encamine a las personas “hacia el amor de Dios padre y les dé la perseverancia para renovar su compromiso bautismal en esta Cuaresma”.

“Que el signo de la ceniza sea de verdadera conversión a Dios y que los actos de penitencia ayuden a vencer el espíritu del mal”, indicó.

El obispo auxiliar celebró con el canónigo Manuel Ceballos García y sacerdotes del Cabildo catedralicio.

En la homilía, el obispo auxiliar leyó el mensaje de Cuaresma que monseñor Gustavo Rodríguez escribió para esta fecha.

Algunos párrafos dicen:

“La pobreza de Cristo que nos enriquece es precisamente su modo de amarnos, de estar cerca de nosotros como el buen samaritano que se acerca a ese hombre que todos habían abandonado medio muerto al borde del camino.

“Lo que nos da verdadera libertad, verdadera salvación y felicidad es su amor lleno de compasión y de ternura que quiere compartir con nosotros.

“La pobreza de Cristo que nos enriquece consiste en el hecho de que se hizo hombre, cargó con nuestras debilidades y nuestros pecados y nos comunicó la misericordia infinita de Dios.

“Recordemos que se ha dicho que la única verdadera tristeza es no ser santos. Podríamos decir también que hay una única y verdadera miseria, no vivir como hijos de Dios y hermanos de Cristo.

“La Cuaresma es un tiempo adecuado para preguntarnos de qué podemos y debemos privarnos a fin de ayudar a enriquecer a otros con nuestra pobreza. Desconfiemos de la limosna que no nos cueste y no nos duela”.

En el texto, el prelado remarcó que la Cuaresma es un tiempo de renovación para la Iglesia, es un tiempo de gracia.

También invitó a la gente a dar limosna “para salir de la soberbia de vivir y acumularlo todo para nosotros creyendo que así aseguramos un futuro que no nos pertenece; mejor volvámonos a encontrar la alegría del proyecto que Dios ha puesto en la creación y en nuestro corazón, es decir, amar a nuestros hermanos y al mundo entero y encontrar en este amor la verdadera felicidad”.

En el documento manifestó su profundo agradecimiento a Dios y al papa Francisco por designar un nuevo obispo auxiliar en la persona del padre Mario Medina Balam, quien recibirá la ordenación episcopal el viernes 14 de abril próximo.

Luego de la homilía, la ceniza fue bendecida para colocarse en la cabeza o en la frente de los feligreses.

Al finalizar la misa, el obispo Pedro Mena señaló a la prensa que se espera un aumento de feligresía durante la Semana Santa. “En este último semestre hubo un incremento en las celebraciones dominicales”.

También habló de la tradición de comer pescado durante esta temporada de penitencia. “En realidad, lo que se pide del ayuno es que lo que se ahorra al dejar de comprar comida que nos gusta sea donado a los pobres”.

“Ahora el pescado sube muchísimo y ya no es penitencia, el huevo sube mucho y ya no es penitencia”, declaró.

Monseñor Mena aconsejó comer menos “o incluso alimentos que no les gustan, como verduras, y menos carne, y lo que se ahorra debe darse a los pobres; ése es el sentido del ayuno”.

El ayuno, continuó, también hace referencia a un cambio de actitud y de tratar mejor a los demás. “Aunque muchas personas dejan de comer carne durante los viernes de Cuaresma, pueden comerla pero haciendo otro sacrificio, por ejemplo visitar a los abuelos que no ven seguido, visitar a enfermos o una familia pobre”.— CLAUDIA SIERRA MEDINA

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