Sonriente, emocionado, dinámico, así se presentó el escritor Xavier Velasco ante el público yucateco, con el que compartió la creación de la novela “Diablo Guardián” que cumple veinte años, y quien estaba tan contento que incluso rapeo una canción que compuso en su juventud y cuyo título dio nombre a la novela premiada por Alfaguara, confesó.

Fue en el marco de la Feria Internacional de la Lectura Yucatán (Filey) que el autor se reencontró con sus seguidores y habló de cómo nació “Diablo Guardián”, su primer libro, Premio Alfaguara 2003, libro que cambió su vida, contó.

Dijo que esperaba que ese libro le salvara la vida, pero hizo más que eso. Y cuando ganó el Premio Alfaguara deseó que la novela sobrepasara al premio y a él, pero sucedió más que eso, pues, Violetta, el personaje, trascendió al libro, al premio y a él mismo.

Tardó 15 años en escribir la novela, no literalmente, sino desde que deseó hacerlo y lo pospuso. Habló con un amigo adinerado de su papá para que lo ayudara y éste le dijo que hiciera un contrato o algo. Pensó en solicitarle 1200 dólares por mes durante año y medio, y le pagaría con las regalías.

Ahora, cita con desparpajo, que quien sabe cómo son las regalías, eso sonaba a una estafa, “uno tiene que estar loco para creer que lo más improbable puede pasar”.

Pero el mecenas aceptó, y entonces él con arrojo, persistencia y fe en sí mismo, cualidades que siente se deben de tener para emprender lo que verdaderamente se quiere lograr, comenzó a idear la novela.

No obstante, platicó que recibió el primer cheque mensual y otro y otro, y no tenía personaje ni nada, sabía que era una mujer, pero no cómo hablaba, de dónde venía, ni de dónde era.

Una noche, cuando regresaba de ver a un amigo, en lugar de regresar a su casa se puso a dar vueltas en la Ciudad México, a pensar en el personaje, “es una mujer y no sé de qué está huyendo y por qué”. Los pensamientos fueron interrumpidos por una mujer muy guapa que le saludó desde la esquina, bajó el cristal del automóvil para saludarla.

Esa figura con la que tuvo un encuentro romántico, esa mujer rusa que luego supo era bailarina en un centro nocturno y que hablaba arrojo, fuerza y un léxico grosero, le dio la pauta para crear las características del personaje: planteó que era de Rusia, pero por sus actitudes también parecía chilanga, “era yo”, expresó.

Para deleite de los asistentes, el escritor contó con detalle toda la historia de aquel encuentro con la rusa y los otros que tuvieron después, lo complicado que fue terminar el libro, que se extendió mucho más de lo esperado, los miedos que enfrentó, las palabras de desaliento que recibió por quienes le decían que mejor regresara al trabajo, que se iba a morir de hambre; los que lo desanimaron para inscribir la novela en el Premio Alfaguara “porque están vendidos”… todo aquello que finalmente lo llevó a publicar “Diablo Guardián”, la atención y las giras que recibió y realizó tras ganar el Alfaguara, el encuentro consigo mismo, el miedo a no saber quién era, y a cómo escribir otro libro. En síntesis, se sinceró con los asistentes y puso en perspectiva el sueño logrado, lo que viene después, y el esfuerzo constante que hay que poner para continuar en el trayecto.

Se dio tiempo para leer algunos fragmentos de su nuevo libro, en el que habla de su vida, y de la creación, entre otras cosas, de “Diablo Guardián”, y hasta rapeó al recordar una canción que escribió de este género y que se suponía iba a cantar Molotov pero la rechazaron, y que se llamaba, así como la novela, que a la distancia siente que fue una premonición del libro.

Al final, Velasco se quedó en el salón para autografiar los libros de sus seguidores.— IRIS CEBALLOS ALVARADO