GUADALAJARA (EFE).— Octo, restaurante de Guadalajara, conquistó el Prix Versailles 2023 que otorga la Unesco a edificios del mundo que se caracterizan por la innovación y creatividad de su arquitectura, además del manejo del patrimonio local y la eficiencia ecológica.

El inmueble, habilitado en una casona de la década de 1960, consiguió el “Premio especial en exterior” del galardón, cuyo jurado estuvo conformado por el filósofo francés Gilles Lipovetsky, los arquitectos estadounidenses Thomas Vonier y Thom Mayne, la arquitecta china Lu Wenyu y el diseñador británico Jasper Morrison.

La Unesco otorga la distinción desde 2015 en las categorías Aeropuertos, Campus, Estaciones de Pasajeros y Deportes, Tiendas y Almacenes, Centros Comerciales, Hoteles y Restaurantes.

La arquitectura de Octo, dedicado a la comida de mar, es distinta a la de otros de su especialidad por su concepto ecléctico que privilegia las texturas y materiales hechos por manos mexicanas, explicó su dueño Luis Hernández, quien ideó el proyecto, que fue inaugurado en noviembre de 2021.

“Octo es un templo porque cada pieza fue hecha de manera especial para construir este recinto, está hecho con mano de obra artesanal, no hay nada industrial y es una experiencia, como si vinieras a un museo gastronómico, aprecias la arquitectura, los muebles, todos los oficios menestrales del mexicano”, ahondó.

Las paredes del edificio de 550 metros cuadrados de construcción son un ensamble de ladrillos hexagonales de color natural que forman una flor de seis pétalos. En su centro hay un cuadrado, un elemento que tiene un significado personal y holístico para Hernández.

Unos 250,000 ladrillos elaborados exprofeso forman esta composición de flores para dar “una idea de lo orgánico”, a falta de un jardín en el proyecto original, indicó el dueño.

Esa misma flor se repite en espacios diseminados en todo el restaurante, tanto en ventanales de vidrio biselado y lámparas, como en la decoración de muebles de madera hechos por carpinteros locales.

La fachada conserva la estructura original de la casa porque está es una zona antigua protegida por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).

Este año, además de Octo Restaurante, en México premiaron al mercado público Matamoros, en Tamaulipas, en la categoría de Centro Comercial, y a Casa Silencio, en Xaagá, Oaxaca, en la categoría de Hotel.

Los detalles son lo más importante en el restaurante de tres niveles que conserva partes de la casa original, a la que se añadieron columnas, estructuras de herrería y vidrio soplado para hacerlo más espacioso, iluminado y moderno, aunque con un aire de nostalgia y elegancia.

“Cada pieza debe estar perfectamente en sinergia con el todo, la silla con la ventana del privado, con el cesto, todo está acomodado para que no puedas decir que esta pieza no pertenece a este lugar, este espacio fue creado para que hubiera una armonía perfecta”, detalló Hernández.

La remodelación del edificio tardó un año por el reto de hacer piezas específicamente con las medidas y concepto del lugar.

“Este lugar era pequeño y lo que teníamos que hacer era darle una fuerza muy grande arquitectónicamente y nuestra materia principal fue el ladrillo, tratamos de jugar con diferentes formas hasta que encontramos la perfecta, que fue el hexágono”.

En las áreas de servicio, las cuatro escaleras, salones que sirven de galería de arte, terrazas, y la barra, las baldosas negras hechas a mano destacan por el latón incrustado que forma un círculo y una línea.

Cada pieza apunta a los cuatro puntos cardinales y rememora el movimiento del reloj y el paso del tiempo, un símbolo que replican las mesas y las barras de coctelería del lugar hechas de granito.

Su cocina abierta está revestida de azulejos de talavera, mientras que su vajilla fue creada por el ceramista José Suro y se complementa con cristalería de vidrio soplado de artesanos de Jalisco.

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