La Orquesta Sinfónica de Yucatán, casi ya con veinte años, perdió a su tercer director, electo mediante un proceso democrático, a causa de una serie de desafortunadas agitaciones que se fueron dando desde varios puntos.
Un buen día, el gobernador del Estado despidió al tercer director, acción dentro de sus facultades, y por medio del célebre “dedazo” designó al cuarto director que tuvo la tarea de dar fin a la XXXIX Temporada de la OSY.
Ahora llega, pues, el momento de preguntarnos: ¿Cuándo se inicia el proceso para designar a un director oficial, con el beneplácito de la mayoría, a través de un procedimiento que no se manche con el descuido de una imposición?
Es costumbre saludable, en las orquestas sinfónicas, solicitar la opinión del público que se beneficia con sus actuaciones, los músicos que se atrincheran tras los atriles y los encargados de su vigilancia. Para designar al mejor se acostumbra llevar al cabo un concurso abierto. En la OSY ya se vivió esa experiencia. Precisamente —como decíamos— el maestro Juan Carlos Lomónaco obtuvo la batuta sólo después de una serie de conciertos en los que cinco prestigiosos directores dieron lo mejor de su expresividad y emitieron su voto público, músicos y administradores.
Estamos en el tiempo adecuado para emitir una convocatoria y permitir que la democracia aparezca en el horizonte de nuestra orquesta. No se trata de poner en duda la aptitud del director actual, pero tampoco olvidar que su labor debe ser considerada como lo que fue, un recurso para salir de un problema y no una situación definitiva. La democracia siempre es saludable y en el caso de elegir a un director para nuestra orquesta significaría que realmente se esperan cambios saludables y aptos para asegurar su porvenir, transformaciones que no dependan de caprichos y modas.
El gesto democrático estaría más que fundamentado si tenemos en cuenta que ya se está moviendo el enjambre de las futuras elecciones de 2024. Pequeños gestos, cura de heridas y grietas, serían medidas apropiadas.
Cronista de la ciudad.
