No se podría hablar ni entender la historia del país ni la de Yucatán sin la presencia de la orden de los frailes franciscanos, que en 2024 celebrará 500 años de haber pisado por primera vez suelo mexicano, en ese entonces la Nueva España, recordó el historiador Ángel Gutiérrez Romero, colaborador de la Arquidiócesis de Yucatán.
Los frailes de la orden fundada por San Francisco de Asís arribaron a la entidad para establecer la Provincia de San José en 1544, aunque se sabe que desde años antes estaban presentes en la zona, adonde llegaron en una primera oleada para asentarse entre Champotón y Tabasco, alrededor de 1534.
Con motivo de los cinco siglos de la llegada de los franciscanos al país, la Arquidiócesis Primada de México prepara un jubileo. Gutiérrez Romero indicó que en Yucatán igualmente se harán actividades alusivas, como un coloquio que no pasará inadvertido sobre tal acontecimiento histórico.
La avanzada de los franciscanos
Los franciscanos llegaron al actual territorio mexicano en 1524 con la misión de evangelizar, incluso años antes de que se completara la Conquista en todas las demarcaciones que pasarían a ser la Nueva España.
En ese año tuvo lugar el arribo de los llamados “12 apóstoles” para cumplir las tareas de adoctrinamiento en el Nuevo Mundo. En un principio se encargaron de esta labor junto con otras órdenes religiosas: los dominicos y los agustinos. Por su parte, los jesuitas se enfocaron en la educación.
Gutiérrez Romero explicó que el caso de Yucatán estuvo muy marcado a causa de la orden franciscana, porque fue la primera en establecerse en el área, un hecho muy importante en el proceso de la evangelización.
Indicó que los frailes primero viajaron en barco desde Europa hacia Veracruz y luego se dirigieron a Ciudad de México, recién fundada. Se distribuyeron entre las diversas provincias de la Nueva España para comenzar con las primeras predicaciones entre la población.
Años después llegarían los frailes misioneros a Yucatán, lo que se dio a la par de la ocupación militar de los territorios descubiertos.
El historiador señaló que Francisco de Montejo, “El Adelantado”, acordó con la corona española conquistar el territorio yucateco en 1526. En las capitulaciones se establecía la obligación de traer religiosos consigo para comenzar a evangelizar.
Sin embargo, añadió, esto no se cumplió. Montejo vino solo con su capellán y Francisco Hernández, un sacerdote diocesano. Entre 1530 y 1531, los reyes de España solicitaron información de cómo estaba la conquista espiritual de Yucatán.
El proceso de la conquista de Yucatán fue bastante largo, duró cerca de 20 años de campañas. Entre 1534 y 1535 tuvo lugar el primer arribo de franciscanos a la región. Para esos años ni siquiera se había fundado Mérida, puesto que todavía seguía el proceso de la conquista militar.
Según datos de historiadores, los frailes Diego López de Cogolludo, Jacobo de Testera y Lorenzo de Bienvenida fueron los primeros franciscanos en la Península, donde comenzaron su labor misionera en Champotón.
En 1536 hubo un segundo grupo de misioneros que se estableció en los territorios que ahora son de Campeche y Tabasco, para entonces más conocidos y poblados.
Gutiérrez Romero explicó que la fundación de la orden franciscana en Yucatán ocurriría definitivamente en 1544, 20 años después de que llegaron los “12 apóstoles”.
Mérida se fundó en 1542 y tiempo después llegó a la ciudad el primer grupo de frailes, encabezado por Juan de la Puerta. La creación formal de la Provincia de San José marcó el inicio de una presencia importante de frailes. En 1544 comenzó la fundación de los conventos.
Red de iglesias de la orden franciscana
En la Península todavía quedan vestigios de la red de conventos e iglesias franciscanas, que se dividían en diversas jerarquías.
Esas construcciones influyeron en la fundación de nuevos poblados, uno de los cuales fue Oxkutzcab.
Gutiérrez Romero afirmó que al momento de la Conquista la población originaria vivía un tanto dispersa, cerca de montes y terrenos de la milpa, debido a que dependía de las siembras.
Los franciscanos emprendieron la fundación de pueblos —las reducciones—, un proceso que consistía en congregar a determinado número de personas en una comunidad, en cuyo centro usualmente había una iglesia o un convento.
Gutiérrez Romero puntualizó que los edificios religiosos construidos entre 1544 y 1821 no son exclusivamente obra de franciscanos, aunque sí muchas iglesias establecidas en la época fueron levantadas por la orden.
La primera etapa de la presencia de los frailes en la zona se dio hasta finales de la época colonial, en 1821. Una vez consumada la independencia de España entró en vigor la Constitución de Cádiz y se suprimió la orden en Yucatán, al mismo tiempo que los conventos.
El historiador precisó que los primeros conventos de gran tamaño que se fundaron en la Península fueron los de San Francisco de Campeche, en 1546, y el Convento Grande de San Francisco o la Asunción de Mérida, en 1547.
También son obra franciscana los conventos de San Miguel Arcángel, en Maní; de San Francisco, en Conkal, y de San Antonio de Padua, en Izamal, que data de 1549.
Gutiérrez Romero enfatizó que no todos los conventos en Yucatán son franciscanos, pero sí lo son los cinco más antiguos. En 1553 se fundó el de San Bernardino de Siena en Valladolid, que se sumó a la red religiosa. Posteriormente surgieron más.
Fueron comunes las pequeñas capillas abiertas, o capilla de indios, edificaciones en principio temporales que en muchos casos se ampliaron en los siglos XVII y XVIII y que son los templos que ahora se observan.
Originalmente contaban con techos de huano de palma, que con el tiempo se sustituyeron por mampostería con techo de bóveda.
Hubo un largo proceso de construcción y de modificación de estos inmuebles que abarcó desde el siglo XVI hasta el XVIII.
Muchos de ellos tienen origen en la labor de los franciscanos, cuyo propósito era la evangelización de los pueblos mayas, encomienda que luego recayó en los sacerdotes diocesanos.
Gutiérrez Romero remarcó que también hubo presencia de jesuitas, que no eran misioneros, sino que se encargaban de manera concreta de la educación.
Asimismo, estuvieron los padres juaninos, que pertenecían a la Orden de San Juan de Dios, que se ocupaba de los hospitales.
Estas tres órdenes eran las que básicamente existieron en el pasado de Yucatán y ahora hay otras más. En el caso de las mujeres, las madres concepcionistas del convento de Monjas constituían la única congregación femenina de toda la Península de Yucatán.
Fray Francisco de Toral era franciscano y en 1561 se convirtió en el primer obispo de Yucatán. El historiador subrayó que a la Catedral de Mérida no se le debe considerar una construcción franciscana, puesto que era el ambicioso proyecto de la Iglesia diocesana.
Tercera Orden tampoco fue edificada por los franciscanos. Esta iglesia, conocida como El Jesús, estaba bajo la administración de los jesuitas, que la edificaron a inicios del siglo XVIII. Tiempo después fueron expulsados de la Nueva España y el templo se volvió parroquia de la población parda y mulata; en algún momento la tomaron los franciscanos y la bautizaron como La Tercera Orden Franciscana.
Se trataba de una orden terciaria, no de feligreses que seguían el carisma de los franciscanos.
Por su parte, la iglesia de Nuestra Señora de la Consolación (Monjas) tampoco fue una construcción de la orden de frailes.
Otro convento que existía en Mérida y estaba bajo la jurisdicción de los franciscanos fue La Mejorada, cuyo nombre formal era el Convento del Tránsito de la Madre de Dios. No obstante, ya era conocido desde la época colonial con el apelativo con el que aún se le llama. Fue fundado en 1624, de manera que el próximo año cumplirá 400 de existencia.
Ante la clausura de la orden en 1821, los frailes franciscanos que se quedaron se refugiaron en La Mejorada, el último convento donde estuvieron en Mérida.
Ante la extinción de conventos, numerosos religiosos abandonaron el territorio. Algunos se volvieron diocesanos y con la muerte de los últimos de ellos se extinguió la orden en la región.
Gutiérrez Romero expuso que hace más de 50 años regresaron los franciscanos al Estado —cuando monseñor Fernando Ruiz Solórzano era arzobispo de Yucatán— y durante un tiempo permanecieron en Santa María Goretti, en el Vergel III. Actualmente viven únicamente en el convento de San Antonio de Padua, en tierras izamaleñas.
En la entidad, los frailes, que hace casi 500 años llegaron con la devoción a la Inmaculada Concepción, pertenecen a la Provincia de San Felipe de Jesús.
Todas las iglesias que construyeron continúan funcionando y están en su mayoría bajo la administración de sacerdotes diocesanos.
Gutiérrez Romero subrayó que no existe como tal un “estilo franciscano” en la arquitectura. “Lo que sí hay es una austeridad que refleja el espíritu de la orden”, como los templos de Ticul y Umán, que son enormes y parecidos a unas catedrales, con exterior de piedra dura.
“Estos templos eran como una especie de metáfora del cristianismo, debido a que tienen un exterior pobre pero un interior y una vida espiritual muy ricos; originalmente estuvieron ornamentados con frescos y retablos”, manifestó.
