Retrato post mortem de un “angelito”, servicio fotográfico que tuvo su auge en el Yucatán del siglo XX
Retrato post mortem de un “angelito”, servicio fotográfico que tuvo su auge en el Yucatán del siglo XX

En estos tiempos actuales en donde la tecnología impera, es difícil imaginar el largo camino que tuvo la fotografía para lograr lo que es. Pensar en los largos tiempos para realizar una sesión fotográfica en sus inicios, pararse más de 14 minutos frente a un nuevo “aparato tecnológico” y que éste pudiera registrar de buena forma el objeto es impensable.

Un retrato que en muchas ocasiones era el único producto que se obtenía, a causa de los altos costos que manejaban los primeros estudios de fotografías artísticas. El negocio fotográfico comenzaba a mirar en distintas formas para que éste pudiera ser redituable y, dado los largos tiempos de exposición para poder registrar a la persona retratada, se ofrecía un tipo de servicio quizás extraño para la sociedad de aquel entonces: el retrato post mortem.

Este tipo de retrato era solicitado para registrar a los difuntos, una costumbre fotográfica iniciada en la primera mitad del siglo XIX, y que en la sociedad yucateca se hizo recurrente durante la segunda mitad del siglo antes mencionado.

Éste era el único o último registro que permitía perdurar la esencia física del ser querido, y en muchas veces era colocado en la sala, comedor, cocina o cuarto de las casas. Retrato único, producto de los altos costos de la fotografía en la época mencionada, en donde se hacían presentes incluso recaudaciones entre familiares para poder cubrir el costo del servicio.

Finalizado el siglo XIX e iniciado el XX, se agregó también el registro de cortejos fúnebres, debido al avance tecnológico que tuvo la fotografía que permitía hacer este tipo de sesiones. En un principio se retrataba solo el cuerpo, recostado o directo del féretro o ataúd; posteriormente se añadirían junto a éste elementos que lo representaban en vida, rodeado de su familia o, incluso, de compañeros de trabajo.

En los albores del siglo XX se solicitaban con mayor frecuencia los retratos post mortem de infantes, producto de las coyunturas históricas de ese nuevo siglo y a los problemas de sanidad que se hacían presentes en la ciudad. Este tipo de retrato buscaba perpetuar la imagen de los difuntos y mostrarlos como ángeles que esperaban en el cielo, de ahí que sean llamados “angelitos”.

Detrás de esta ardua labor no únicamente se requería de un buen manejo de la cámara, sino de un amplio conocimiento para la manipulación del difunto, desde colocar hielo en el ataúd hasta cuidar a detalle la postura, con el fin de que pareciera estar vivo y lograr así un retrato eterno.

Todos estos registros o gran parte de ellos se pueden mirar con mucho detalle en los retratos realizados por Pedro Guerra Jordán y Aguilar, y a través de ellos miramos la colosal carga ideológica del fotógrafo y la calidad maestra en el manejo del difunto.

Estas fotografías son resguardadas en la Fototeca “Pedro Guerra” desde hace más de cuarenta años, adscrita a la Facultad de Ciencias Antropológicas de la Universidad Autónoma de Yucatán. Negativos resguardados que desde 2019 son Memoria del Mundo México Unesco.

Los archivos dan muestra de la magna importancia de conservar el patrimonio fotográfico y de la fundamental labor de los archivos fotográficos.

Licenciado en Historia.

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