El pasado martes 5, a las once de la mañana, tuvo lugar un grato encuentro —charla y reflexión— entre un grupo de cuarenta alumnos de Licenciatura en Educación, el historiador Adolfo Góngora López y el cronista citadino Jorge Álvarez Rendón.
El ambiente seleccionado para la conversación fue un amplio salón del Centro de Ayuda a la Investigación Histórica y Literaria, calle 60 entre 65 y 67, bajo la atenta supervisión de su directora, doctora Ena Evia Ricalde.
El tema de la charla —breve cala en el período barroco de la Nueva España— fue la figura insigne de Juana de Asbaje Ramírez de Santillana, ese portentoso ingenio que, pese a su condición de mujer, tan sujeto a trabas en el siglo XVII, consiguió ascender hasta alturas asombrosas no solo en Literatura, sino en Astronomía, Filosofía y Cálculo. Nos referimos a quien en vida religiosa fuera conocida como Sor Juana Inés de la Cruz.
La plática conjunta llevó a los expositores no solo a repasar someramente los datos biográficos de sor Juana divididos en cuatro etapas —infancia en Paoyapán, adolescencia en la capital del virreinato, ocho años en la corte del marqués de la Laguna y estancia monacal en el convento de santa Paula de las jerónimas—, sino que matizaron cada período con apuntes sociológicos, psiquiátricos y de contexto social propios de aquella época.
Sustentando sus afirmaciones en textos analíticos de Octavio Paz, Ermilo Abreu Gómez, Ana Arroyo y Amado Nervo se partió del hecho de haber sido Juana Inés una de las llamadas “hijas de la Iglesia” —nacidas fuera de matrimonio— a quienes les aplicaban el calificativo deshonroso de bastardas.
Esta bastardía de la excelsa poeta fue la razón íntima por la cual procuró acumular conocimiento como una forma compensatoria y adquirir respeto social. Genio precoz, aprendió a leer y escribir a los 3 años y más adelante dominó el latín en solo tres meses para poder leer a los padres de la Iglesia y a los clásicos filósofos de la Antigüedad.
Como afirma Octavio Paz, Juana de Asbaje pasó por cuatro claustros o centros de vivencia protectora —el seno materno, la biblioteca de su abuelo, la corte virreinal del marqués de la Laguna y la celda monjil de las jerónimas— y poco a poco fue vigorizando su carácter para sobrevivir sin contratiempos como un “bicho raro” —mujer que sabe latín— en una sociedad con fuerte predominio de los varones en la organización y el manejo de las instituciones.
El abogado Góngora López expuso la variedad de formas métricas que utilizó la gran poeta: romances, redondillas, décimas, epigramas, silvas, endechas y bellísimos sonetos. Para ejemplificar declamó una famosa redondilla (“Hombres necios”) así como dos sonetos. Por su parte, el cronista dio lectura a tres sonetos y un epigrama.
En la segunda parte del encuentro, los alumnos de la Licenciatura en Educación formularon dudas sobre sor Juana y en especial sobre las causas que la llevaron a vender sus libros, desprenderse de sus telescopios y demás aparatos astronómicos. Apareció entonces el conflicto que surgió cuando la monja se atrevió a censurar un sermón del famoso jesuita Antonio Vieyra y un mandato episcopal la condenó al silencio y a la simple vida religiosa.
Los estudiantes —mujeres en su mayoría— manifestaron su beneplácito por el encuentro y la doctora Evia Ricalde tuvo amables palabras de gratitud para los charlistas.— Jorge H. Álvarez Rendón
