“Una vida plena es una vida de amor”, expresó anoche el arzobispo de Yucatán, monseñor Gustavo Rodríguez Vega, en la misa pontifical de la fiesta de la Virgen de Guadalupe en la iglesia parroquial en su honor del barrio de San Cristóbal, erigida como Santuario Diocesano.

“Mi vida tiene razón de ser si yo la dedico a amar, a amar a mi familia y a todos los hijos de Dios; que nuestra vida sea de servicio, que nuestra vida sea de amor al prójimo reconociéndonos como hijos de Dios, como hermanos nuestros”, exhortó el prelado.

Agradeció a Dios por permitir celebrar nuevamente esta gran solemnidad y recordó las apariciones de Nuestra Señora de Guadalupe en el Tepeyac.

“En 2031 serán 500 años de aquellas apariciones y la historia continúa, el milagro continúa porque continuamente suceden cosas maravillosas, algunas las vemos, otras suceden en el interior de un corazón”.

“Suceden cosas maravillosas como aquellos 10 millones de indígenas que no aceptaban la fe y después al ver la imagen de la Guadalupana con eso se abrieron a la fe; maravillosas como la conservación de esta imagen, una tilma que debería haberse deshecho desde hace mucho tiempo y mírenla después de casi 500 años; maravillosas porque sigue abriendo caminos para la evangelización en el mundo actual”.

De la Virgen de Guadalupe, dijo, se pueden tomar grandes enseñanzas: hacer la voluntad del Señor, la aceptación y la actitud de servicio.

A la celebración asistieron cientos de personas que abarrotaron el templo.

El Arzobispo celebró con los presbíteros Gilberto Pérez Ceh y Fernando Valdez Soberanis, párroco y vicario, respectivamente, del Santuario de Nuestra Señora de Guadalupe, y los diáconos permanentes Juan Rubio y Domingo Flores Zamora.

Las “Mañanitas” a la Virgen de Guadalupe

En las primeras horas de ayer, decenas de peregrinos le cantaron las “Mañanitas” a la Morenita del Tepeyac en San Cristóbal.

Las puertas del Santuario Diocesano Guadalupano permanecieron abiertas durante toda la madrugada para que los peregrinos y antorchistas pudieran entrar a rezar o simplemente permanecer en silencio admirando la imagen de la Virgen.

“Somos de Acanceh, pero el 28 de noviembre salimos para llegar a Ciudad de México y terminar la ruta aquí en San Cristóbal, cantar las ‘Mañanitas’ y regresar a casa”, expresó Jorge Santos.

Durante el transcurso de la noche del lunes y la madrugada de ayer, hubo grupos de personas que colocaron mesas a los alrededores del templo para poder ofrecer café, agua, pan, arroz con leche y hasta caldo de pavo a los peregrinos.

Tal es el caso del grupo al que pertenece Elsy Canché, que en compañía de la familia Aguirre y vecinos desde las 2 a.m. ofrecieron alimentos de manera gratuita a los antorchitas.

A la parroquia también llegó Reyna Uribe, vecina del Fraccionamiento del Parque, a muy temprana hora, ya que posteriormente iría a trabajar, pero quería estar presentes en las “Mañanitas”.

Lleva seis años siendo devota. “Oremos para que nos siga yendo mejor y sobre todo para ser mejores personas”.

Por su parte, Juan Diego arribó al templo en compañía de otros antorchistas de Petectunich, de Acanceh. Llegó peregrinando por una gran razón. “Soy devoto desde hace muchos años, soy creyente porque hace algunos años tuvimos una revelación”.

Contó que su familia tuvo revelaciones en su casa, como el olor a rosas e iluminaciones, pero la más importante fue la aparición de imágenes en el cuadro de una Virgen.

Desde ese día, la familia empezó a ser más creyente, teniendo bendiciones cada día, por lo que ha sido devota y peregrina.

Juan Diego mostró la foto en que aparecieron dos imágenes marianas que no estaban originalmente en el cuadro.

Antes de las 6 a.m se entonaron las “Mañanitas”; las voces de Paloma Martín, César Alberto Ortegón Sabido, Rocío Ramírez Vázquez y Luis Fernando Tió guiaron a los fieles en el canto. Todos cantaron con gusto y fe, lo que finalizó con una misa.

Posteriormente, los peregrinos tomaron su camino de regreso a casa con la bendición de la Morenita del Tepeyec.— Claudia Sierra Medina y Sofía Vital Chablé

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