PARÍS (EFE).— Rudolf Nuréyev volvió ayer a la Ópera de París, donde hasta el 5 de abril de 2024 permanecerá instalada la primera exposición sobre el vínculo y legado que dejó el bailarín en el también llamado Palacio Garnier, con motivo del 30o. aniversario de su muerte.
En la muestra, que mezcla decenas de fotografías, vestuarios, esbozos y demás objetos, la audiencia podrá hacer un repaso de la obra del que fuera director del Ballet de la Ópera Nacional de París de 1983 a 1989.
Una Ópera que pisó por primera vez el 15 de mayo de 1961, con su participación en el ballet “La Bella Durmiente” y con la que no dejó indiferente al público.
“Es un complemento natural a la visita” de la Ópera de París, explicó Mathias Auclair, director del departamento de Música de la Biblioteca Nacional de Francia y quien también es uno de los comisarios de la instalación “Rudolf Nuréyev” en la Biblioteca-Museo de la Ópera Palacio Garnier.
De igual manera, el recorrido permite evocar al bailarín, coreógrafo y maestro en su huella icónica que aún perdura.
“Treinta años después de su muerte no solo no se ha olvidado a Nuréyev, sino que sigue habiendo una gran afición a nuestras muestras, pues hay muchos visitantes”, indicó el comisario.
“Hay un interés inmediato por esta exposición y, por encima de esto, está el hecho de que estos ballets siguen vivos”, añadió.
La respuesta ante el fervor sobre Nuréyev (1938-1993) es múltiple, aseguró Mathias Auclair, gracias a su gran carisma e historia de huida del bloque de la URSS para marcharse al mundo occidental, al igual que en la búsqueda de reconversión de los grandes ballets clásicos, así como de obras propias muy personales.
Todo ello creó una tradición que se expandió en el mundo entero y que, de hecho, promueven hoy muchos de sus discípulos, cerca de la jubilación, como Sylvie Guillem.
Exiliado político
“A Nuréyev le gustaba ser famoso”, afirmó Mathias Auclair, quien lo calificó igualmente de “megalómano”. Eso le permitió protegerse de la KGB, ya que pidió asilo político en el aeropuerto del Bourget el 16 de junio de 1961, durante la Guerra Fría, dijo el comisario.
Sin embargo, el contexto político que atravesó la figura de Nuréyev hizo que nunca se le definiera como un artista reivindicativo.
“Nuréyev interpretó un papel contra su voluntad, no tenía ningún proyecto político”, agregó.
Además de esta exhibición, y con el mismo motivo de rendirle homenaje en los 30 años de su fallecimiento, se han programado tres de sus producciones en la Ópera Bastille: “El Cascanueces” en este mes, “Don Quijote” en marzo y “El lago de los cisnes” en junio y julio.
