• El arzobispo de Yucatán, monseñor Gustavo Rodríguez Vega, y el canónigo José Alberto Ávila Cervera imponen la ceniza en la misa

Fieles a los preceptos religiosos y a la tradición, la mañana de ayer cientos de católicos asistieron a la S.I. Catedral de Mérida para participar en la misa de imposición de ceniza oficiada por el arzobispo de Yucatán, monseñor Gustavo Rodríguez Vega, acto que marca el inicio de la Cuaresma, un tiempo de reflexión, meditación y recogimiento en que se vive una preparación hacia el momento culminante de la fe cristiana: el misterio en que Jesús vence a la muerte.

El Arzobispo, auxiliado por integrantes del cabildo catedralicio y otros sacerdotes que asistieron a la misa, fueron los encargados de imponer la ceniza a los fieles y, al hacerlo, pedirles: “Arrepiéntete y cree en el Evangelio”.

En su homilía, monseñor Gustavo Rodríguez explicó que 40 fueron los días del diluvio, 40 los años que el pueblo judío peregrinó por el desierto del Sinaí y 40 los días que Jesucristo permaneció en el desierto preparándose para iniciar su misión por la cual nació.

En este sentido, el prelado explicó que la caridad, la oración y el ayuno son la esencia de la preparación del católico, sin embargo esto no debe quedarse en el ayuno alimenticio o la abstinencia de carne todos los viernes de Cuaresma, porque “el verdadero sacrificio llega en la transformación de la persona desde adentro, desde su relación para con Dios, hasta en su pensamiento y obra”.

La lectura del Evangelio de ayer, según San Matero, evocó el llamado que Cristo hace para vivir la caridad, el ayuno y la oración en la intimidad con Dios y no hacerlo patente a los demás para ser el centro de atención.

“Ustedes, cuando hagan un acto de caridad, no lo anuncien con trompetas o alardeen de ello; por el contrario, cuando den limosna que su mano izquierda no sepa lo que hace la derecha. Dios es testigo de tu secreto y te lo recompensará; cuando oren no lo hagan en plazas públicas, en voz alta y a la vista de todos; por el contrario busquen la intimidad y el recogimiento de un espacio solitario y apartado donde puedan tener ese instante con Dios”.

“Cuando ayunes, no pongas caras largas o descuides tu apariencia para que todos se den cuenta de que estás ayunando; por el contrario, lávate la cara y perfuma tu cabeza para que nadie pueda ver que estás en ayuno, así el sacrificio es agradable a Dios”, explicó el prelado.

“La ceniza es un signo de penitencia, el ayuno y la abstinencia es un sacrificio, pero lo verdaderamente importante en la Cuaresma es esa preparación espiritual e interior que cada uno experimenta rumbo a ese importante momento en la vida de todo cristiano, es vivir el misterio pascual, la muerte y la resurrección de Jesús; una verdadera conversión es el objetivo de vivir en plenitud la Cuaresma”, recordó.

Ha perdido el sentido

Durante la misa, monseñor Gustavo Rodríguez dedicó un momento para reflexionar sobre la celebración de San Valentín, de la que destacó que ha perdido mucho de su sentido cristiano y religioso para convertirse en un acontecimiento únicamente con fines comerciales.

Independientemente de lo que San Valentín representa en el santoral, el Arzobispo pidió a los fieles no sucumbir ante el mercantilismo de ocasión, pues el amor verdadero es gratuito y está de manifiesto en todo momento.

Por último, monseñor Rodríguez Vega hizo eco del llamado del papa Francisco para que la humanidad viva una verdadera conversión ecológica, ante la apremiante necesidad de salvar el planeta de su autodestrucción y poner orden con respecto al cuidado de la naturaleza y el medio ambiente, a fin de tener un mundo en el cual sea posible vivir.

Para finalizar, lamentó que hoy día, aunque el centro de la creación sea el ser humano, se profese más amor a los animales que entre las propias personas.— Emanuel Rincón Becerra

De un vistazo

¿Quién fue San Valentín?

La historia de la Iglesia católica dice que San Valentín fue un obispo del siglo III que padeció el martirio a manos del emperador romano Marco Aurelio Claudio II (214-270). Según esta versión, el emperador prohibió que los jóvenes soldados del Imperio Romano que estuvieran en activo contrajeran matrimonio. Él desafió el decreto y se dedicó a consagrar en secreto el vínculo de las parejas. Se le descubrió y martirizó el 14 de febrero del año 270 después de Cristo.

Noticias de Mérida, Yucatán, México y el Mundo, además de análisis y artículos editoriales, publicados en la edición impresa de Diario de Yucatán