Lo personal es político. Carol Hanisch
El día 8 de marzo se conmemora el Día Internacional de la Mujer (en diciembre de 1977 la Asamblea General de las Naciones Unidas en su Resolución 32/142 invitó a todos los estados a que proclamasen de acuerdo a sus tradiciones históricas y costumbres, una jornada para los derechos de la mujer), que debe ser una oportunidad para reflexionar sobre los distintos asuntos sobre la igualdad de género y lo cual nos lleva en el campo del arte a preguntarnos si es lo mismo el arte femenino que el arte feminista.
En ese sentido es importante señalar que tanto lo femenino como el feminismo contribuyen a reinterpretar la realidad actual, incluyendo al campo del arte que, si bien durante décadas la vida cotidiana se rigió por un sistema androcéntrico, también existe una clara diferenciación entre la estética femenina y la feminista.
La estética femenina connota un arte que expresa a la mujer tomada como dato natural, modelo representacional o con rasgos atribuidos a la creación propia del género y no como categoría simbólico-discursiva, formada y deformada por los sistemas de representación cultural que ilustran el universo de valores tradicionales y sentidos impuestos desde la mirada de lo masculino (sensibilidad, corporalidad, afectividad, etc.); rasgo de distintividad-complementariedad que alterna con lo masculino, sin poner en cuestión la identidad que norma la desigualdad de la relación de la mujer frente a la ideología sexual dominante.
Por su parte, el arte feminista contribuye a recuperar formas expresivas periféricas y, a la vez, advierte sobre la no neutralidad del lenguaje artístico, por lo cual se trata de una forma discursiva cuyas estrategias y objetivos pueden influir en cambios sociales positivos a través de un activismo que, sin duda alguna, inciden en el sistema de producción artística en todos los campos. Esta perspectiva debe entenderse como una crítica a la cultura en cuanto potencial analítico de la construcción de identidades, ya que la estética feminista postula a la mujer como signo envuelto en una cadena de opresiones y represiones patriarcales, los cuales deben ser rotos a través de la conciencia social y de cómo se ejerce y se combate la superioridad masculina hegemónica.
Es importante destacar que el marxismo trató el surgimiento de las clases sociales y su consabida división del trabajo, pero que no tomó en cuenta la repartición por género del mismo, identificando dentro del mundo doméstico a la mujer con el signo de lo femenino (del latín femina-femineus, mujer y del sufijo ino, que indica pertenencia o relación), con su capacidad reproductiva, es decir, se le caracteriza con las cualidades de la fecundidad o en su papel de madre, amante, modelo, inspiradora o dentro del ámbito doméstico, cumpliendo con los esquemas que cada sociedad le impone, mientras que el espacio de lo público y lo productivo quedó identificado con el signo de lo masculino y asociado al hombre (del latín masculinus) se le vincula con una actitud más guerrera y combativa, fuerte, protectora, y menudo indiferente o asociada a la virilidad con a ciertas actitudes que reflejan capacidad de dominio. Por lo cual el movimiento feminista es un conjunto diverso de posturas y modelos de pensamiento político, económico, cultural y social, que busca alcanzar la igualdad de las condiciones de vida entre las mujeres y los hombres, y que se ve reflejado también en las representaciones y conceptos del arte actual.
Finalmente podríamos decir que el arte feminista representa una lucha en contra de la condición subalterna de las mujeres, por lo cual es muy importante comprender y entender que el mismo tiene un contenido político específico, amén de que “todo arte es político”, y que además permite recuperar formas expresivas y advertir sobre la no neutralidad del lenguaje del arte, apuntando sus marcas de género, etnicidad, sexualidad y clase social, además de posicionar y recuperar históricamente en un merecido lugar a la mujer dentro de la cultura.
Curador
