Hoy se conmemora el Día Internacional de la Mujer, que en el arte y la cultura ha tenido, y tiene, un papel fundamental.
Un ejemplo es la composición musical en el siglo XXI. El máximo ejemplo en México tal vez sea Gabriela Ortiz Torres (1964), considerada una de las mejores desde su juventud.
Gabriela Ortiz fue alumna de Mario Lavista y Federico Ibarra. Posteriormente continuó sus estudios en la Universidad de Harvard y en el Conservatorio de Rotterdam, en Países Bajos.
Fue la primera mujer en su especialidad en ingresar a la Academia de Artes. En agosto de 2022 entró al Colegio Nacional y ese mismo año recibió la Medalla Bellas Artes. También ha recibido la Medalla Mozart que otorga la Embajada de Austria.
Su obra ha sido interpretada en festivales internacionales, como el Internacional Cervantino, el Festival de Bourges en Francia, Electrifying Exotica y Plugged Festival (Londres).
Su estilo combina tanto el arte culto y la música de jazz como el folclor y la música vernácula; su música se caracteriza por su riqueza melódica, uso innovador de ritmos y texturas, y una profunda conexión con las raíces culturales de México y América Latina.
Las composiciones de Gabriela abarcan una amplia variedad de géneros, desde música orquestal y de cámara hasta música coral y electroacústica.
Autora de “Mambo”, “Tepito”, “Liquid Borders”, “Yanga”, “Pico-Bite-Beat” y “Altar de piedra”, entre otras obras, Gabriela Ortiz ha trabajado con la LA Phil, al lado de Gustavo Dudamel.
Su música ha sido interpretada por la Filarmónica de Ciudad de México, la Orquesta Sinfónica Nacional de México, la Orquesta Sinfónica de Minería, la Orquesta Sinfónica de Montreal y la Orquesta Sinfónica de Yucatán, entre muchas otras.
El investigador Luis Jaime Cortez, del Centro Nacional de Investigación, Documentación e Información Musical Carlos Chávez del Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura (Inbal), dijo que antes en México el papel de la compositora era una excepción, pero a partir de Ortiz hay un surgimiento de creadoras brillantes.
En el caso específico de Ortiz, Luis Jaime señaló que es una compositora de vanguardia y estilo auténtico.
En charla con el citado investigador sobre el papel de la compositora en la actualidad, Ortiz lamentó la marginación e inequidad de género que ha habido en la música, y habló no solamente de la falta de espacios para las mujeres, sino también para los músicos de América Latina, que no se estudian en Europa pero viceversa sí.
Tachó de actitud “paternalista” que se programe música de mujeres solamente por el hecho de ser mujer. “La prioridad debería ser la calidad de la música”.
No más relegadas
Marcela Rodríguez (1951) logró por sí sola vencer al machismo para permitir entrar a compositoras hasta entonces relegadas.
Discípula de María Antonieta Lozano, Leo Brouwer y Julio Estrada, su obra ha sido elogiada por Javier Álvarez y Mario Lavista.
Cuenta que para estrenar obra hay que tocar puertas; por esa razón siempre está atrás del director de la Orquesta de Bellas Artes, de la Ofunam, de la Filarmónica de Ciudad de México…
Dice que cuando empezó a componer eran solo cuatro o cinco: Alicia Urreta, Mario Lavista, Julio Estrada, Javier Álvarez, Federico Ibarra, Joaquín Gutiérrez Heras.., “y ahora hay 300 compositores jóvenes buenísimos, y han surgido muchas buenas compositoras”.
Ana Lara es otra reconocida compositora mexicana. Nació en Ciudad de México en 1959. Estudió composición con Daniel Catán, Mario Lavista y Federico Ibarra, formación que siguió en la Academia de Música de Varsovia, Polonia. Es maestra en Etnomusicología por la Universidad de Maryland, en Estados Unidos.
Su obra ha sido interpretada en México, Estados Unidos, Europa y países de Sudamérica, y abarca desde música para instrumentos solistas, de cámara, sinfónica y coral hasta música coreográfica y para teatro.
Entre sus obras más importantes se encuentran: “Ángeles de llama y hielo” y “Atanor” para orquesta sinfónica, “Koaiá” para violonchelo solo, “Dylan y las ballenas” para octeto de violonchelos y recitante, “Hacia la noche” para flauta sola amplificada, “Malgré la nuit” para piano, percusiones y electrónica; “Bhairav” para cuarteto de cuerdas, “Cuatro habitantes” para cuarteto de percusiones y orquesta y el concierto para órgano y orquesta “Altre Lontananze”.
La compositora mexicana Georgina Derbez estudió piano y luego composición con Arturo Márquez y Ana Lara. Se formó en España, Francia y Alemania. Su música se ha tocado en Europa, Estados Unidos y Brasil.
Georgina se inició en la música a los siete años de edad, cuando comenzó con clases de piano. ‘‘En cuanto aprendí las primeras notas compuse una pieza”. Ha compuesto obras para orquesta sinfónica, ensambles de cámara diversos, y obras para dúos, tríos, cuarteto de cuerdas y otros ensambles. Algunas de sus obras más representativas son la ópera de cámara “La Creciente”, el Doble Concierto para flauta, piano y orquesta, y el Concierto para clarinete “Ascenso al celeste”.
Georgina Enríquez Morán fundó la primera orquesta sinfónica de mujeres de México y la segunda de América Latina.
En enero de este año se convirtió en la tercera compositora mexicana en recibir la Medalla Mozart, el galardón más importante que se otorga a creadores de música clásica.
Al igual que varias de sus colegas, considera que ser mujer hace más difícil abrirse camino en la música.
Enríquez Morán sugiere que se legisle que haya obras de compositoras —no necesariamente solo mexicanas, sino de todo el mundo— en los programas de las orquestas sinfónicas del país.
Dice que la dirección musical está todavía más cerrada a las mujeres que la composición, que es lo que más hace, y se lamenta por haber mandado proyectos a orquestas mexicanas que las rechazan y ni siquiera contestan llamadas o correos.
“Lo difícil es que los directores de orquesta cedan, porque cómo le haces para cambiarles la mentalidad machista”.— Patricia Garma Montes de Oca





