Cuando argumento sobre el himno de Yucatán y en contra del nuevo “proyecto ciudadano de adecuación”, pidiendo no meterle mano a la pieza, por extensión defendiendo nuestras tradiciones y patrimonio.
El Congreso del Estado aprobó un dictamen, que reconoce el himno, el escudo y la bandera yucateca como símbolos patrios estatales, iniciativa que preserva y consolida la identidad de quienes viven en la tierra del Mayab. Esto permite que se fomente el patrimonio, la historia y el orgullo como mexicanos y yucatecos.
Fuimos la primera entidad en contar con un himno, que es recordado todavía por parte de la sociedad yucateca.
Desde el punto de vista literario, la letra del himno no es de la mejor factura, también hay que decir que la música, aunque buena, es un típico himno decimonónico y no contiene elementos identitarios locales o nacionales, como el “mosaico o miscelánea yucateca” del propio José Jacinto Cuevas. Universalmente los intelectuales coinciden en que existe un patrimonio inmaterial que debemos salvaguardar. Se trata de un conjunto de bienes heredados, otorgados a una colectividad de una generación a otra. A veces surgen discrepancias en el momento de dirimir cuándo un objeto es valioso o no, y cuáles son los criterios para catalogarlo como patrimonial. En este orden de ideas, lo relacionado directamente con nuestra identidad, idiosincrasia e historia, aunque se encuentren distantes en el tiempo, son entes patrimoniales y tenemos como colectividad obligación de respetarlos, valorarlos y salvaguardarlos.
Trabajos sobre la configuración de patrimonios inmateriales, como son la música y la literatura, coinciden que, aun cuando las piezas formen parte del pasado, si fueron objeto de transmisión cultural, forjadores de identidad y son o fueron apreciados como bienes colectivos sin duda se convierten en patrimonio. Cuando un canto nos ha representado por mucho tiempo y persiste en la memoria, no puede perder vigencia, porque vigencia es lo que ha tenido validez durante un período determinado, y el sentido de pertenencia a la nación mexicana es un sentimiento arraigado en la gran mayoría de los yucatecos.
El himno no puede entenderse fuera de su contexto histórico. En 1867, en un acto para celebrar el fusilamiento de Maximiliano y la restauración del gobierno de Juárez, Manuel Palomeque Solís desató entusiasmo al leer un Himno Patriótico de su inspiración. La obra fue publicada con el nombre “Himno nacional” y más tarde fue musicalizada por José Jacinto Cuevas.
Un año más tarde, en septiembre de 1868, fue adoptado por decreto oficial como Himno del Estado.
La pugna en México en el siglo XIX fue el enfrentamiento entre liberales y conservadores. Yucatán fue fundamentalmente imperialista y conservador, y habíamos abandonado hacía relativamente poco nuestros afanes separatistas.
Los conflictos del siglo XIX, principalmente la Guerra de Castas, donde los rebeldes estaban a punto de vencer, motivaron al gobierno mexicano a entregar ayuda económica y apoyo militar al gobierno yucateco, a cambio de la reincorporación a la república, razón por la que los liberales Cepeda Peraza y Molina Solís tomaron la composición de Palomeque como un canto “reparador” de las diferencias de antaño con el Centro.
La letra refuerza nuestra mexicanidad, sentimiento actual y mayoritario.
Insisto en que dejen inalterado el himno existente, y si los aires reformistas y modernizadores que soplan sobre nuestras autoridades y expertos los convencen de que “necesitamos” y hace falta algo nuevo, convoquen a un concurso para una composición diferente, nueva en letra y en música.
Aprendamos de la historia, concursen primero el poema, luego no menosprecien el talento musical yucateco del siglo veintiuno, que tiene sobrada capacidad para hacer una nueva y muy digna propuesta.
¿Por qué optar por parches y remiendos cuando lo que sobra en Yucatán son poetas y músicos de sobrada capacidad artística y amor por su tierra?
Promotor cultural.
