Nicolás Alvarado durante la función de anteanoche de “El compositor está muerto”, obra para niños, con la Orquesta Sinfónica de Yucatán
Nicolás Alvarado durante la función de anteanoche de “El compositor está muerto”, obra para niños, con la Orquesta Sinfónica de Yucatán

Qué maravilloso por un momento volver a ser niños. Que las secciones de instrumentos de una orquesta tengan una personalidad que las haga más proclives, o no, a cometer un crimen. Y qué mejor aún que haya una historia de misterio de por medio, un detective, un enigma. ¿A qué niño, y a qué adulto, no le gustan los enigmas?

Y es que la mayor de las verdades de la música queda al descubierto en el texto de Lemony Snicket de “El compositor está muerto”. Todas las orquestas, todos los directores, todos los músicos, alguna vez, han masacrado a un compositor. Hasta las flautas que con su halo de avecillas traviesas trinan en las sinfonías son capaces de crímenes espantosos. Hasta los refinados cornos franceses, los engreídos violines primeros, los aburridos bajos, las trompetas con aires cortesanos. Todos, incluyendo, desde luego, y principalmente, a su director.

El narrador Nicolás Alvarado, lupa en mano, escudrina sección por sección a la Orquesta Sinfónica de Yucatán, que de cara al Día de Niño se ha prestado al juego narrativo y musical de la novela policíaca sobre la orquesta que es “El compositor está muerto”, con música de Nathaniel Stookey.

La obra está diseñada para ayudar a los niños a iniciarse en los instrumentos, como se pudo apreciar antes de que Alvarado saliera con lupa y libretita al escenario. El director artístico de la OSY, José Areán, fue explicando uno por uno cada instrumento, sus características técnicas y sonoras, invitando a los músicos a tocar el fragmento de alguna melodía que hiciera reconocible el timbre del instrumento, como “La cucaracha”.

Por primera vez el público del Palacio de la Música, sede temporal de la Sinfónica, se compuso más por niños que por adultos, pequeños que si bien se mantuvieron atentos participaron activamente, a invitación del narrador, de la pieza musical y teatral.

Tono predominante

El humor y la sátira son el tono predominante de la obra, pero tal vez el momento más jocoso fue cuando el narrador-detective, después de interrogar concienzudamente a cada sección y de comprobar sus coartadas, se va con todo contra el director José Areán como el principal sospechoso del asesinato del compositor. Porque claro, qué casualidad que todos los autores que interpreta están muertos.

“Berlioz, muerto. Beethoven, muerto. Mozart, muerto. Mahler, muerto…”, y así se va de largo, acusándolo incluso de despedazar a uno que otro compositor contemporáneo. Y es que no es gratuita la frase “Chopin debe estar revolcándose en su tumba”, por ejemplo, cuando estamos ante una mala ejecución del enfermizo polaco.

Y mientras el narrador iba mencionando a los compositores fallecidos, la orquesta interpretaba fragmentos de sus obras más conocidas, como la Marche au supplice (Marcha al cadalso) de la “Sinfonía Fantástica” de Héctor Berlioz, que comienza con unas tétricas campanadas fúnebres, o la Danza macabra, de Camille Saint-Saëns.

En el camino los niños fueron aprendieron, por ejemplo, qué es un concertino —el primer violín de una orquesta, que lidera la sección de violines— o qué es una cadenza.

Obras infantiles

Cabe mencionar que en la literatura musical son pocos los conciertos didácticos para niños, y menos aún que incluyan actores o un narrador. Tal vez el ejemplo más conocido sea “Pedro y el lobo”, de Sergei Prokófiev, escrita en 1936, una historia para niños, con música y texto adaptado por él, con un narrador acompañado por la orquesta. Cada personaje de la historia tiene asignado un instrumento y un tema musical reconocible.

Otro ejemplo es “Babar el elefante”, de Francis Poulenc, cuento musical que nos narra los acontecimientos a través de la palabra y de la música, siendo la primera quien nos cuenta la acción y dejando a la música como encargada de crear la atmósfera, de crear el clima necesario para que nuestra imaginación recree toda la escena, además de servir de apoyo a la acción describiendo, pintando musicalmente o evocando lo que sucede.

Ambas obras ya han sido interpretadas por la OSY en sus veinte años de historia con resultados satisfactorios, así como la “Guía orquestal para jóvenes, Op. 34”, de Benjamin Britten, una pieza especial porque presenta cada una de las familias de instrumentos de una orquesta, como se vio en esta ocasión.

Otro ejemplo es “El carnaval de los animales” de Camille Saint-Saëns, una obra musical encantadora creada en 1886, que se caracteriza por su ingenio y humor.

Aunque originalmente no estaba destinada a ser interpretada públicamente, “El carnaval de los animales” se ha convertido en una pieza popular, especialmente para audiencias jóvenes, ya que cada instrumento o grupo de instrumentos tiene designado un movimiento relacionado con un animal, siendo música muy descriptiva, hasta cierto punto en todos estos casos los instrumentos funcionan casi como una onomatopeya.

Se cree que la sección de los “Personajes con largas orejas” del “Carnaval” va dirigida a los críticos musicales. También son los últimos animales que se escuchan en la apoteosis final, rebuznando, algo similar a lo que sucedió con la tuba de “El compositor está muerto”, que bosteza luego de beber de una tacita azul, ya que el timbre de este instrumento es como un largo bostezo. Tal vez también se trate de una indirecta a los críticos, ya que la obra tiene varios “secretos” para los conocedores.

Y un mensaje final muy importante, que si bien las orquestas tocan a compositores muertos, también se encargan, a través de sus ejecuciones, de mantenerlos vivos.

“El compositor está muerto” se ofrecerá nuevamente este domingo, misma sede, al mediodía.— Patricia Garma Montes de Oca

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