“Ascensión”, óleo sobre tela de Francisco Camilo, en Cataluña
“Ascensión”, óleo sobre tela de Francisco Camilo, en Cataluña

“SUBIÓ AL CIELO Y ESTÁ SENTADO A LA DERECHA DE DIOS”

La presente lectura pertenece a un resumen de las apariciones del Señor resucitado con el que concluye el texto canónico del Evangelio según san Marcos. La predicación del Evangelio lleva al oyente a la decisión, compromete toda su existencia: si cree y se hace bautizar, se salva, pero si no cree, ya ha elegido su propia perdición.

Además, el poder de hacer milagros es una promesa a la comunidad y no a cada uno de los oyentes. La fórmula “Señor Jesús” es el compendio más breve, el “símbolo” de todo el Evangelio, pues es tanto como confesar que Jesús, el Hijo de María, muerto bajo Poncio Pilato, es el Hijo de Dios y el Señor que ha resucitado de entre los muertos. Este símbolo de nuestra fe solo aparece una vez, aquí, en los textos de los cuatro Evangelios.

El Nuevo Testamento se interesa más por el significado teológico de la Ascensión que por el hecho en sí. Los textos más antiguos relacionan la Ascensión con la Pasión, Muerte, Resurrección del Señor y a su entronización “a la derecha del Padre”. La Ascensión significa la culminación de la obra de Cristo y su triunfo como “el Señor que vive para siempre”, después de haber vencido al pecado y a la muerte.

Una fiesta de despedida, esta de la Ascensión, que no conoce las lágrimas ni la melancolía, que termina en una presencia más intensa y en una cercanía más eficaz; una persona que desaparece a los ojos de sus conocidos y amigos, pero que paradójicamente se hace reconocer y amar por una muchedumbre enorme de toda lengua, pueblo, raza y nación, haciéndose sentir vivo y operante a través de la palabra y las manos de sus discípulos y de su Iglesia.

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