“Contemplemos y no nos cansemos de contemplar el corazón de Jesús para tratar de dimensionar todo lo que es el amor de Cristo, como dice San Pablo saber calcular la anchura, la longitud y la profundidad del amor de Cristo, que es incalculable y que sea nuestro modelo para también nosotros esforzarnos”, así lo expresó el arzobispo de Yucatán, monseñor Gustavo Rodríguez Vega, en la misa que ofició anoche con motivo de la solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús.
La Eucaristía se celebró en la iglesia parroquial de la colonia Alemán.
El prelado señaló que hay que amar como Cristo día con día, “contemplarlo para corresponderle a Él en la persona de nuestros hermanos”.
En la ceremonia estuvo acompañado del presbítero Alejando Álvarez Gallegos, párroco del Sagrado Corazón de Jesús.
Al comienzo de la ceremonia se explicó que el párroco consiguió dos reliquias —una de primer grado y otra de segundo grado— de santa Margarita María Alacoque, que fueron ingresadas al templo parroquial al momento del “Gloria” y recibidas en el altar por monseñor Gustavo Rodríguez, quien de inmediato las colocó en una pequeña vitrina a un costado del altar que se dispuso para tal fin.
Luego, la misa continuó de manera normal.
El Arzobispo de Yucatán manifestó en la homilía que ayer se celebraba con gozo la fiesta del Sagrado Corazón de Jesús y hoy la del Inmaculado Corazón de María.
Resaltó que era una celebración extraordinaria, pues se cumplían 349 años de que santa Margarita María Alacoque recibiera las revelaciones del Sagrado Corazón de Jesús, con lo cual comenzó el camino de los festejos de los 350 años.
La festividad coincidirá con el año jubilar, cuando se recibe la indulgencia plenaria al entrar por la puerta central de las catedrales y otras sedes que se autorizan. Adelantó que en Yucatán las parroquias de Tizimín y Valladolid tendrán este privilegio, pero también la parroquia de la colonia Alemán.
—La Iglesia se renueva con júbilo en la redención de Cristo Señor.
Un amor puro
Acerca de la festividad de ayer, apuntó que se celebraba el amor a Dios, quien, aseguró, no se enoja. Afirmó que no es posible que Dios se moleste con alguien y su figura no debe servir para amenazar, como con aquéllos que dicen: “No hagas eso porque Dios se va a enojar”.
Por el contrario, Dios es conocido como el amor perfecto, creó a los seres humanos a su semejanza porque todos son capaces de amar y perdonar.
Dios ofreció su vida para salvación de todos, “un amor dado hasta el extremo porque nunca es bastante el amor. Mientras más amamos, más agradamos al Señor”, dijo.
Habló cómo Cristo aceptó la cruz por amor, fue llevado como cordero al matadero y Él aceptó su condena y desde la cruz invocó al Padre: “Perdónalos, porque no saben lo que hacen”.
Destacó la gran misericordia de Dios que perdonó al ladrón arrepentido que estaba a su lado, que entregó a su madre —“mujer ahí tienes a tu hijo”—, y que aceptó la muerte, ésa que da miedo.
Sangre y agua
Recordó el momento en el que la lanza de uno de los soldados penetró uno de su costado y rompió y rasgó el corazón de Jesús, del que brotó sangre y agua.
Éste se trata de un simbolismo teológico de la Iglesia que nace de su costado: sangre de la Eucaristía y agua del bautismo que brotan del corazón de Jesús.
Por ello invitó a contemplar el corazón de Jesús y a que sea un ejemplo de amor.— IRIS CEBALLOS ALVARADO
