El fenómeno del Sol en el cenit, que se registró anteayer en Mérida, y un evento astronómico en la zona arqueológica de Aké explicarían la razón por la cual para los mayas el 26 de julio marca el inicio del año, según explicó el antropólogo Indalecio Cardeña Vázquez.
En la conferencia “Año nuevo en la civilización maya, ¿por qué en julio?”, que ofreció anteanoche en la Biblioteca “Manuel Cepeda Peraza”, Cardeña Vázquez explicó que los antiguos mayas conocían el fenómeno del Sol en el cenit, que ocurre cuando el astro rey alcanza su máxima altitud y en la superficie terrestre ningún objeto proyecta sombra, lo que se registra en mayo y julio.
Como informamos previamente, el investigador y matemático Eddie Salazar Gamboa explicó que ese fenómeno ocurre 28 días antes y 28 días después del solsticio de verano (el 21 de junio), de modo que el primer Sol en el cenit en Mérida tuvo lugar el 24 de mayo y el segundo, el 18 de julio.
Este segundo cenit, explicó Cardeña Vázquez, queda muy cerca de la fecha que fray Diego de Landa describió como el año nuevo de los mayas, el 26 de julio, día en que ocurre un evento astronómico importante en la zona arqueológica de Aké.
Ese día, añadió, se observan desde ese lugar tres constelaciones identificadas por los mayas como Aak (tortuga), Fogón y Tsáab (cascabel).
La constelación Aak está relacionada con los mitos del origen porque los mayas consideraban que la Tierra era plana y sostenida sobre el caparazón de una tortuga que nadaba en un lago, y Fogón corresponde a las tres piedras que se necesitan para hacer una hoguera, de la que surgen el fuego y la vida.
“En Aké se ve perfectamente la representación de estos cosmos, aquí están representadas la tortuga y el fogón”, afirmó Cardeña Vázquez mientras mostraba un mapa de esa zona arqueológica del municipio de Tixkokob y un mapa de la posición de las constelaciones en el año 600 antes de Cristo, como las observaron los mayas.
“Para entender este fenómeno es importante tener en cuenta la visión holística de la civilización maya, la cual hace referencia a un conjunto perfectamente integrado, para ellos (los antiguos mayas) la arquitectura, la religión, la política, la guerra y la astronomía se afectaban mutuamente”, agregó.
“Por ello las ciudades mayas representaban el cosmos y funcionaban para la observación de los astros a través de la disposición de sus edificios, que también representaban sus mitos, por ejemplo: el Templo de las Siete Muñecas en Dzibilchaltún, el Observatorio de Caracol de Chichén Itzá y el Caracol de Mayapán”, finalizó.— ALESSANDRA CARRILLO AMARO
