Un integrante de la organización Aegean Rebreath participa en la limpieza del fondo marino frente a una de las islas griegas
Un integrante de la organización Aegean Rebreath participa en la limpieza del fondo marino frente a una de las islas griegas

LEFKADA, Grecia (EFE).— Las aguas cristalinas que rodean centenares de islas griegas atraen cada año a millones de turistas, pero muchos ignoran el creciente “basurero” que se esconde bajo la superficie idílica, con toneladas de redes y residuos plásticos que ponen en peligro los ecosistemas.

Más de una tonelada de residuos plásticos fue sacada desde el fondo marino del pequeño puerto de Perigiali, en la isla de Lefkada, por la organización no gubernamental Aegean Rebreath en apenas dos días.

“Puedes ver todo lo que hemos sacado de un puerto de 200 metros cuadrados”, dice el presidente de la agrupación, Yorgos Sarelakos, mientras señala decenas de llantas, sillas, botellas, tubos y otros desechos.

“Es muchísima basura, estoy consternado al ver que todo esto haya sido tirado al mar”, reconoce Frank Gerstenberg, turista alemán que con sus dos hijas ayudó en las tareas de limpieza.

Desde su fundación en 2017, Aegean Rebreath ha realizado limpiezas del fondo marino frente a una veintena de islas, puertos y playas de Grecia continental. Hasta ahora ha recuperado 31 toneladas de redes de pesca, 117,000 unidades de residuos plásticos y 3,500 llantas.

En su más reciente operación, la número 100, participó medio centenar de activistas, junto a voluntarios y buzos en Lefkada, isla del mar Jónico de 24,000 habitantes y visitada en 2023 por unos 300,000 turistas.

Con la ayuda de Tasos Musuras, veterano pescador local, localizaron una zona frente a Lefkada cubierta por redes de pescadores abandonadas. “Aquí existía una granja de peces que fue destruida. Lo abandonaron todo, todas las redes se quedaron en el fondo”, cuenta Musuras.

El equipo de buzos usa un robot sumergible de operación remota para determinar el lugar exacto donde están las “redes fantasma”.

Una vez ubicadas, usan cuchillos y otras herramientas para desprenderlas del fondo y subirlas hasta la superficie con la ayuda de globos especiales. Finalmente las descargan con un jalador al pesquero de Musuras.

Son “una trampa mortal” para los mamíferos marinos y, por ser de plástico, permanecen en el fondo destruyendo su topografía e impidiendo el desarrollo de vida en los arrecifes, señala Sarelakos.

Las redes se pueden descomponer en microplásticos, partículas de hasta cinco milímetros que son ingeridas por peces y otras especies marinas. Muchas terminan en el organismo humano.

Arrastradas por las corrientes, pueden llegar a contaminar playas vírgenes o zonas protegidas donde no hay actividad humana, cuenta la arqueóloga submarina Marina Papanikolopulu.

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