Monseñor Luis Alfonso Tut Tun, nuevo obispo auxiliar de Antequera, Oaxaca, ofició una misa en la iglesia del Santo Niño de Atocha, donde fungió como vicario de 2008 a 2009
Monseñor Luis Alfonso Tut Tun, nuevo obispo auxiliar de Antequera, Oaxaca, ofició una misa en la iglesia del Santo Niño de Atocha, donde fungió como vicario de 2008 a 2009

“Podemos atravesar problemas y eventos traumáticos en nuestra vida pero no debemos olvidar, sobre todo al mirar la imagen del Niño de Atocha, que Dios nos mira con ternura y amor, no nos abandona en nuestro caminar”, aseguró monseñor Luis Alfonso Tut Tun, obispo auxiliar de Antequera, Oaxaca, en la misa que presidió la mañana de ayer en la iglesia del Santo Niño de Atocha, donde fue vicario.

Para el prelado yucateco, la misa era la ocasión oportuna para dar gracias a la comunidad del Niño de Atocha y a todos los que habían llegado de otras parroquias porque de alguna forma esa experiencia le ha dejado una huella en la persona que es, en el sacerdote que es. “De alguna manera, lo que uno es se lo debe a los demás”.

Agradeció a la comunidad parroquial esa experiencia que hoy recuerda con tanto cariño y que da frutos para la Iglesia.

En su homilía, explicó que el santo Evangelio abordó el tema de los talentos. “El Evangelio nos enseña que la verdadera riqueza no son las cosas materiales, es lo que llevamos en nuestra humanidad, talentos humanos”.

Lamentó que haya gente muy avara, “como le decimos los yucatecos, ‘coda’, que tiene y le duele dar lo que tiene, y cuando da sabe que obtendrá algo a cambio; es gente que demuestra un apego a lo que tiene y no lo comparte con generosidad”.

Retomó las palabras del papa Francisco, quien en una ocasión declaró que nunca había visto un funeral en el que hubiera un camión de mudanzas que acompañara el alma del difunto llevando sus pertenencias.

Monseñor Tut recordó que fue vicario del Santo Niño de Atocha de 2008 a 2009, cuando era párroco el padre Pedro Echeverría López.

En ese entonces, relató, la parroquia estaba en transformación: se estaba construyendo un anexo, la casa cural y las oficinas. También el personal estaba teniendo una renovación en la manera de administrarse.

El padre Pedro Echeverría tenía el cargo de canciller, “que era muy exigente”, por lo que él se quedaba en las mañanas en la iglesia.

“Fue un año muy bonito”, aseguró, porque celebraba la misa de 11:30 a.m., la cual era muy concurrida, y después bendecía a una fila interminable de peregrinos que a veces acudían con la vestimenta del Niño de Atocha. “Que sigamos manteniendo esa tradición”, pidió.

La misa de ayer la celebró con los presbíteros Gonzalo Ku Barrera, el párroco actual; Baltazar Cervera Chuc y Ángel Vargas Góngora.

Al final, el párroco agradeció la visita de monseñor Tut, quien saludó a los asistentes que se acercaron a él mientras se escuchaba música de mariachi. También se repartieron tacos de cocinita y refrescos.— CLAUDIA IVONNE SIERRA MEDINA

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