Si hay miseria no hay futuro para nadie, lloro de tristeza por los ricos que se van solos en su nave buscando salvarse porque la felicidad y la armonía están en la comunidad, destacó la actriz y activista Ofelia Medina en la conferencia que ofreció ayer como parte del 11o. Congreso Hemisférico de Fundraising Latinoamérica.
La yucateca tuvo a su cargo la ponencia inaugural del evento: “Lo que he aprendido con los pueblos originarios. La comunidad, el futuro de la humanidad”.
Movió las conciencias de los presentes al afirmar que 10 millones de personas viven en la miseria en México, la mayoría de los pueblos originarios, mientras que el 70% de los habitantes del país afrontan pobreza.
Ante numerosas personas que se congregaron en el auditorio de la Universidad Anáhuac Mayab, sede del evento, señaló que se viven momentos de caos a nivel mundial, pero es momento de que renazca la esperanza.
En la conferencia habló del Fideicomiso para la Salud de la Niñez Indígena de México que fundó en 1990, y el trabajo que realiza en favor de las comunidades indígenas del país, principalmente de Chiapas, adonde ha llevado este programa durante 30 años.
Recordó que era una joven madre con un bebé regordete y un día le estaba dando el pecho cuando vio en la televisión la imagen de la hambruna en Etiopía y a mujeres tratando de amamantar a sus hijos, cuando era evidente que no había hidratación en sus cuerpos.
—Seguramente cerca había personas desperdiciando el agua, la comida, aprovechándose y agandallándose, como desde niña fui rebelde sentí la necesidad de luchar por la justicia.
Indicó que en el país hay 69 culturas o pueblos originarios, como la maya que es la más reconocida, pero por los muertos que construyeron las pirámides, no por los mayas de hoy.
Lamentó que la sociedad mexicana desprecie a los pueblos originarios por causa de la ignorancia.
Contó un episodio de la primera vez que estuvo en la montaña de Guerrero, donde los habitantes estaban débiles y tristes, y por ello llegó a pensar que su pensamiento estaba disminuido. “Me avergüenzo de ello”, admitió y añadió que luego se dio cuenta de que eran muy inteligentes, solo que no sabían expresarse en castellano y no se dieron a entender tanto como hubieran querido.
—Me di cuenta que ellos tienen una inmensa sabiduría y una gran verdad que nosotros hemos perdido, viven en un mundo espiritual que nosotros ya perdimos porque estamos pegados a una maquinita, porque los padres ahora ahorran para poder comprarles a sus hijos esas maquinitas y que no les den “lata”, y los convierten en esos seres consumistas en los que se busca convertir a todos.
Mala alimentación
Expresó que el cuerpo del país está deforme a causa de la comida chatarra, y por eso México ocupa el primer lugar en obesidad infantil en el mundo, siendo Yucatán el estado que ocupa el primer lugar en este rubro.
Destacó que hay que unirse y hacer algo por la humanidad y por la vida.
Rememoró el tiempo en el que deseaba crear el Fideicomiso para ayudar a la niñez indígena y acudió a su amigo Francisco Toledo, a quien le contó que había niños muriendo por la desnutrición en México y que había que hacer algo.
Aseguró que cada año mueren en México 50 mil niños por desnutrición, pero el gobierno no lo reconoce, “‘los pobres primero’, dicen, ¿y los que viven en la miseria cuándo?”, se preguntó.
Contó de la labor que ha hecho con el Fideicomiso que creó en 1990, capacitando a personal de su propia cultura para que lleven el material oral, no escrito, de cómo cuidar su salud.
Resaltó el uso del amaranto, maíz y frijol como base de la alimentación indígena, y el papel tan importante que tenía el amaranto como proteína en la dieta de las comunidades. En la época de la Conquista, añadió, se ordenó exterminarlo porque los conquistadores consideraban que se trataba del alimento del diablo, ya que se usaba en los ritos indígenas.
Por ello se perdió esta importante fuente proteica de alimentación y aunque desde que creó la asociación hace 34 años ha hablado con todos los gobiernos que han pasado para pedir la recuperación del amaranto para la dieta diaria, la respuesta ha sido nula.
Se refirió asimismo al trabajo permanente para capacitar a mujeres indígenas, y la entrega que hacen de un polvo enriquecido de amaranto y maíz, y a veces cacao o avena, que se da a las mujeres embarazadas o lactantes, pues se sabe que si toman dos vasos diarios de este polvo el bebé nacerá con un peso normal.
Invitó a repensar los hábitos alimenticios y buscar la salud comunitaria y colectiva, pues en las poblaciones indígenas está el futuro de la humanidad, “es lo que tenemos que pensar y aprender”.
—Aprender de su manera de ver la vida, cuidar la vida como parte de una colectividad, ser armónicos, expresó.— IRIS CEBALLOS ALVARADO
