Las prácticas tradicionales de los pueblos yucatecos poco a poco han pasado de convertirse de un producto cultural a uno comercial, es decir, a una atracción mercantil apropiada y folclorizada, advirtió el investigador Miguel Güémez Pineda, quien anteanoche impartió la conferencia “Finados folklorizados: Entre pibes, calaveras y catrinas”, en el Centro de Estudios e Investigaciones Sociales y Culturales “Efraín Calderón Lara”.
Güémez expuso cómo las celebraciones del Día de Muertos en algunas comunidades ya están altamente comercializadas.
“La música, el traje regional, como también la jarana han sido apropiados por el Estado. La representación escénica de la jarana se ha vuelto un tema de controversia en los últimos años, generando un debate sobre la autenticidad entre la forma tradicional de cómo se baila en los pueblos y las versiones modernizadas”, apuntó.
Señaló que Maní y Tamanché aún cuentan con grupos jaraneros auténticos, aunque el baile ha cambiado a lo largo de los años.
Añadió que la figura de la Catrina, creada por el grabador José Guadalupe Posada, se ha convertido en un símbolo ampliamente difundido en estas fechas.
Explicó que las celebraciones actuales son una fusión entre las tradiciones indígenas y las prácticas establecidas por la Iglesia, lo que ha dado origen a un mestizaje cultural. “Cada año el Hanal Pixán cobra más relevancia y, en gran medida, imita estilos de celebración de otros estados”.
“En resumen, veo que los pueblos indígenas han sido ‘la gallina de los huevos de oro’ de esta cultura”.
Enfatizó que, aunque esta mercantilización de las tradiciones yucatecas ha traído beneficios económicos, es responsabilidad de la sociedad mantener y proteger la riqueza cultural transmitida de generación en generación.— Vanessa Argáez Castilla
