La Hna. María de los Ángeles Moreno lamenta la baja de vocaciones
La Hna. María de los Ángeles Moreno lamenta la baja de vocaciones

La hermana María de los Ángeles Moreno Barrera, quien ha dedicado su vida a las misiones, compartió cómo a lo largo de su trayectoria ha sido testigo de la disminución en el número de vocaciones para la vida consagrada y el sacerdocio.

Mientras que en el pasado muchas jóvenes consideraban la posibilidad de dedicar su vida al servicio de Dios, hoy en día son cada vez menos quienes dan este paso.

Lo mismo ocurre con los Seminarios, donde el ingreso de nuevos aspirantes ha bajado considerablemente.

Sin embargo, la misionera guadalupana del Espíritu Santo observa que, a pesar de este descenso, la necesidad de acompañamiento espiritual y de servicio en la comunidad va al alza.

Para la servidora, uno de los factores clave en esta situación es la falta de formación religiosa dentro de las familias. “El deseo de superación no está mal, pero no se debe desvincular de crecer en valores humanos y cristianos”, señala.

Considera que, en muchos hogares, Dios ha dejado de ser el centro de la vida cotidiana, lo que ha afectado la transmisión de valores y el interés por la vida espiritual. “Todos somos una vocación, es cuestión de descubrir en dónde Dios nos llama a servir, a ser mejores personas y ayudar a la comunidad”.

Para ella, no se trata únicamente de que más personas ingresen a la vida religiosa, sino de que cada individuo, en el camino que elija, encuentre su propósito en el servicio a los demás y la búsqueda de una vida con valores sólidos.

“Dios nos quiere felices y solo hay que seguir sus mandamientos”, afirma con convicción.

En su experiencia, ha visto cómo la falta de valores religiosos en el hogar ha llevado a muchas personas a sentirse perdidas o desorientadas. Por ello, insiste en la importancia de que las familias asuman su papel en la formación integral de sus hijos. “Hay que apoyar a las familias a que reconozcan la formación integral en sus niños, para que al crecer sean responsables de sí mismos. Ya ellos crecerán y encontrarán su llamado”.

El papel de la mujer

La hermana Mari también reflexiona sobre el papel de la mujer en la vida religiosa y los retos a los que se enfrenta en la actualidad.

A diferencia de épocas anteriores, cuando muchas jóvenes ingresaban a la formación religiosa a edades más tempranas, hoy en día se requiere que ellas hayan concluido su educación media superior y que manifiesten una convicción firme sobre su vocación.

Este requisito responde a la necesidad de que las nuevas generaciones de religiosas sean plenamente conscientes de su llamado y de los compromisos que implica la vida consagrada.

Sin embargo, la religiosa reconoce que este proceso se ha vuelto más difícil debido al sinfín de distracciones que existen en la sociedad moderna. “Hay muchos distractores actualmente, lo que dificulta escuchar la voz de Dios, quien nos habla, pero no va a estar gritando”.

La inmediatez de la tecnología, las múltiples opciones de vida y las exigencias del mundo actual hacen que muchas jóvenes no se detengan a reflexionar sobre su propósito y vocación, perdiendo la oportunidad de escuchar ese llamado interior.

A pesar de estos desafíos, insiste en la importancia de que la Iglesia mantenga su espíritu misionero y fortalezca su labor pastoral. “Es preocupante que disminuya el número de católicos, pues ha aumentado la gente indiferente”, advierte.

La secularización y la pérdida de valores religiosos en muchos hogares han generado un distanciamiento de la fe, lo que representa un reto tanto para la vida consagrada como para la evangelización en general.

Las palabras del papa Francisco sobre la inclusión de más mujeres en puestos de alto nivel dentro de la Santa Sede y en el comité encargado de seleccionar a los obispos del mundo representan un paso significativo hacia una Iglesia más equitativa y participativa.

Para la hermana Mari, este anuncio es motivo de esperanza y un reconocimiento al papel fundamental de la mujer en la vida eclesial. “Admiro mucho la valentía del Papa de vencer tantas resistencias que hay para estos nombramientos, ojalá que no sea solo a nivel Vaticano, sino que se replique en las diócesis, pues sí hay mujeres preparadas que pueden dar un gran soporte a nivel de decisiones”, señala.

Aunque las religiosas y laicas han sostenido gran parte del trabajo pastoral y social de la Iglesia, su presencia en los espacios de toma de decisiones sigue siendo limitada. “Para trabajos siempre somos muchas, pero en la toma de decisiones falta crecer en ese aspecto”, dice la hermana, convencida de que la voz femenina puede enriquecer la labor de la Iglesia en todos sus niveles.

Con fe y entusiasmo, confía en que el Espíritu Santo guíe al Papa en este proceso de apertura, permitiendo que más mujeres puedan aportar su visión y compromiso en la construcción de una Iglesia verdaderamente inclusiva. “La Iglesia es para todos y todos debemos colaborar”, concluye, reafirmando su convicción de que el servicio a Dios y a la comunidad no tiene distinciones, sino que es un llamado universal a la entrega y al amor.— DARINKA RUIZ MORIMOTO

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