Debemos cobijar nuestro amor propio para crecer
Debemos cobijar nuestro amor propio para crecer

Amarse a uno mismo es el comienzo de un romance de por vida —Oscar Wilde

Siempre afirmé que el “amor de mi vida” era un chico a quien conocí cuando ambos teníamos catorce años.

Sentada en la puerta de la casa esperaba verlo pasar con su karate-gi, mientras llegaba el siguiente sábado para saludarnos tímidamente en el cine.

Los años nos dieron y nos quitaron varias oportunidades de estar juntos hasta que hace algunos inviernos nos reencontramos, ya maduros, sin compromisos y de mi parte con la enorme curiosidad de descubrir lo que nunca fue.

Después de varios meses de comunicación a distancia, me di cuenta de que la ilusión y las expectativas crean panoramas hermosos pero irreales. Lo que se construye en el día a día son los verdaderos pilares que sostienen cualquier relación.

Amor propio

Cuando evitamos poner atención en la añoranza y nos enfocamos en brindarnos cariño, cuidado y apapacho dejamos de sublimar lo que está afuera para cobijar lo que encontramos dentro de nuestro ser: el amor propio. Éste es justo donde florece la autoaceptacion, la compasión y la libertad. Es el acto de elegirnos en cada momento con ternura y respeto.

Quien sume a este proceso experiencias amorosas y sanadoras, bienvenido sea. Pero no estamos, ni nunca estuvimos, ni estaremos para restas que además tengan un alto grado de dificultad.

Es febrero y celebro con la misma fuerza con la que perdono mis emociones reactivas. El tiempo me ha dado la razón junto con dos o tres lecciones aprendidas.

Doce del mediodía y sonrío. ¿Por qué no? Me he enamorado de mi propia compañía y eso me hace muy feliz.

Licenciada en Ciencias de la Comunicación.

Noticias de Mérida, Yucatán, México y el Mundo, además de análisis y artículos editoriales, publicados en la edición impresa de Diario de Yucatán