El obispo auxiliar monseñor Pedro Mena Díaz impone la ceniza en la frente de una feligrés en la Catedral
El obispo auxiliar monseñor Pedro Mena Díaz impone la ceniza en la frente de una feligrés en la Catedral

El Miércoles de Ceniza, hoy, marca el comienzo de la Cuaresma, un tiempo de gracia y preparación, al que en este 2025 se invita a vivir con más propósito al ser Año Santo.

También se exhorta a orar por la salud y fortaleza del papa Francisco, a la par de ofrecer ayunos, sacrificios y obras de misericordia por el Sumo Pontífice.

El padre Jorge Martínez Ruz, vocero de la Arquidiócesis de Yucatán, compartió el siguiente texto sobre la Cuaresma y la ceniza:

Desde el siglo II, los cristianos se preparaban para la Pascua con dos días de ayuno y penitencia; posteriormente, estas prácticas se extendieron a toda la Semana Santa.

En el año 325, el Concilio de Nicea ya conocía la preparación de la Pascua durante 40 días, sobre el modelo de Jesús que pasó 40 días en el desierto. Recordemos también los 40 años en el desierto del pueblo de Israel y los 40 días de ayuno de Moisés en el Sinaí y de Elías en el Horeb.

Al principio, la Cuaresma comenzaba seis domingos antes de la Pascua; pero como los domingos no se ayunaba, en el siglo V se procedió a separar el Jueves y el Viernes Santo del Triduo Pascual para contarlos como Cuaresma. Más tarde, se decidió anticipar la Cuaresma cuatro días, y así se llegó al actual Miércoles de Ceniza.

El inicio de la Cuaresma marcaba también el comienzo de la penitencia pública de los culpables de delitos graves (apostasía, asesinato, adulterio): después de la imposición de la ceniza, recorrían la ciudad vestidos con ropas penitenciales, para recordar la expulsión del Paraíso. Estos penitentes celebraban la reconciliación el Jueves Santo.

Hacia finales del año mil, la práctica de la penitencia pública disminuyó, pero se mantuvo la imposición de la ceniza a todos los fieles. En el siglo XII surgió la costumbre de obtener las cenizas quemando los ramos de olivo bendecidos el Domingo de Ramos del año anterior.

La Cuaresma es una forma de recordar y compartir los 40 días que Jesús pasó en el desierto tentado por Satanás. Quizá podemos pensar en los clásicos desiertos de arena y soledad, de peligros y emboscadas.

Los nuevos desiertos

Pero para nosotros, hoy en día, los desiertos más difíciles de afrontar son el cansancio y las dificultades del vivir o la aridez de nuestras vidas. Así, este tiempo de gracia nos enseña a no elegir los atajos de los compromisos fáciles, de la desconfianza, del pecado, sino a saber compartir el tiempo con Jesús para aprender a otorgar las prioridades justas.

La Cuaresma nos invita a poner a Dios por delante de nosotros mismos, a recuperar el tiempo para escuchar la Palabra de Dios y orar.

Por otra parte, ayunar significa renunciar a lo que nos llena de muchas maneras, pero no sacia el corazón; la oración y la Eucaristía sacian el corazón y dan sentido a la vida porque el amor sacia la verdadera hambre y sed de vida y felicidad.

Si la oración abre el corazón a las cosas verdaderas y el ayuno nos enseña a elegir lo que realmente cuenta en la vida, entonces la caridad es su consecuencia natural.

Hay quien cree que ayunar y abstenerse de comer carne son prácticas pasadas de moda, pero quizá lo que cuesta de verdad no es renunciar a la carne, sino obedecer a la Iglesia, Madre y Maestra, que nos invita a hacerlo. Esto nos sugiere que el ayuno sigue siendo actual.

Junto al ayuno físico, no podemos olvidar el ayuno del egoísmo, de la desconfianza, de las falsas seguridades, del odio, de la indiferencia.

¿Por qué nos imponen la ceniza?

La imposición de la ceniza señala el comienzo de la Cuaresma. Cubrirse de ceniza para simbolizar penitencia y arrepentimiento es una tradición que viven muchas religiones. Éste es el origen y significado de este símbolo.

En la imposición de la ceniza, el sacerdote traza una cruz sobre la frente de los fieles, mientras repite las palabras “Conviértete y cree en el Evangelio” o “Recuerda que polvo eres y en polvo te has de convertir”, para recordarnos que nuestro lugar definitivo es el Cielo.

El uso de la ceniza para simbolizar penitencia es antiguo: los judíos, por ejemplo, acostumbraban a cubrirse de ceniza cuando hacían algún sacrificio.

Mensaje de Cuaresma

El papa Francisco, en su mensaje para la Cuaresma 2025, ha comentado:

Con el signo penitencial de las cenizas en la cabeza iniciamos la peregrinación anual de la santa Cuaresma, en la fe y en la esperanza.

La Iglesia, madre y maestra, nos invita a preparar nuestros corazones y a abrirnos a la gracia de Dios para poder celebrar con gran alegría el triunfo pascual de Cristo, el Señor, sobre el pecado y la muerte, como exclamaba san Pablo: “La muerte ha sido vencida. ¿Dónde está, muerte, tu victoria? ¿Dónde está tu aguijón?” (1 Cor 15, 54-55).

Jesucristo, muerto y resucitado es, en efecto, el centro de nuestra fe y el garante de nuestra esperanza en la gran promesa del Padre: la vida eterna, que ya realizó en Él, su Hijo amado (cf. Jn 10, 28; 17, 3).

En esta Cuaresma, enriquecida por la gracia del Año Jubilar, vivamos lo que significa caminar juntos en la esperanza y descubrir las llamadas a la conversión que la misericordia de Dios nos dirige a todos, de manera personal y comunitaria.— Claudia Sierra Medina

De un vistazo

Imposición de ceniza

La imposición de la ceniza señala el comienzo de la Cuaresma. Cubrirse de ceniza simboliza penitencia y arrepentimiento.

“Conviértete”

En la imposición de la ceniza, el sacerdote traza una cruz sobre la frente de los fieles, mientras repite las palabras “Conviértete y cree en el Evangelio” o “Recuerda que polvo eres y en polvo te has de convertir” para recordar que nuestro lugar definitivo es el Cielo.

Noticias de Mérida, Yucatán, México y el Mundo, además de análisis y artículos editoriales, publicados en la edición impresa de Diario de Yucatán